Satoru se dio cuenta de toda la verdad al ver a
Toni, la persona que más admiraba en el mundo, asesinar a aquellas dos chicas.
Lo aceptó… él nunca fue su salvación nunca debió haberse juntado con él. Todo
pasó hace muchísimos años cuando el rubio pidió ayuda a Toni, él aceptó… pero
todo se fue de las manos de aquel joven desgraciado. Como en el cuento de La
Sirenita, él sucumbió en los encantos de la malvada bruja… aunque en este caso
era de un horrible asesino.
-¡No puedo aguantar esto más!- Gritó Satoru.
Toni se dio la vuelta y observó a su compañero,
Charo también lo hizo. Ella tembló, sentía el miedo por sus venas y todos lo
sabían, Dani que también estaba en aquel jardín, sentía el miedo por sus venas.
-¿El qué no puedes aguantar? ¿Él ser mi juguete? ¿O
que todos mueran sin ningún motivo?- preguntó Toni con aquella sonrisa y mirada
sádicas, él nunca tuvo más miedo en su vida… pero tenía que enfrentarlo.
-¡Todo!
-Entonces… vete. No te necesito más, Satoru- Toni
comenzó a reír.
Y Satoru comenzó a correr, pensaba salir del gran
jardín de la mansión y volver al oscuro bosque. Sus pasos eran rápidos, tan
rápidos que apenas se daba cuenta de lo que pensaba, solo sabía que odiaba a
Toni, no quería saber ninguna otra cosa.
Comenzó a dar vuelta como un tonto por el mismo
sitio una y otra vez, no se cansaba, solo esperaba encontrar algún sitio
interesante.
-Veo que te has dado cuenta…- dijo un chico
saliendo de un árbol, era Gorka.
-¿Qué haces aquí?- preguntó Satoru mirándole
sorprendido.
-Solo os he estado siguiendo, sois divertidos…
-No entiendo nada…
-Eres el chico que no entiende nada en este juego,
siempre hay alguien así. Pero quién nada sabe, nada entiende. Eso dice mucho de
ti.
El horrible pecado estaba a punto de ser cometido
por Satoru, un joven que nunca había mentido, robado o matado. Al menos eso
creía él, pero estaba a punto de descubrir la verdad que le ocultaban todos.
-Realmente no sabes nada…- insinuó Gorka.
-¡Dime la verdad!- Le dijo Satoru.
-Todos sois unos experimentos… la mayoría de vuestros
recuerdos han sido modificados-. Satoru no acabó de entender aquellas palabras
de Gorka-. La mayoría de vuestros recuerdos son una falsa ¿Entiendes?
¿Recuerdas cuando comenzaste a juntarte con Toni?
Y Satoru comenzó a recordar, era una tarde, cuando
le informaron que iba a estudiar en una gran isla en verano. Y en aquel
momento, en la calle conoció a Toni y su irónica sonrisa.
-Estamos todos entrelazados por recuerdos falsos…
ahora lo entiendo… yo realmente nunca me encontré con Toni, antes de que llegáramos
a la isla, experimentaron con todos nosotros ¿Cómo lo hicieron?
-No lo sé… incluso yo también recuerdo cosas que no
pasaron, aun así… yo vivo el presente y tú vives el pasado, hay demasiada
diferencia.
-No quiero vivir así…- confesó Satoru.
-¿Por qué no?- preguntó Gorka elevando una simple y
leve sonrisa.
Satoru pasó por su lado ignorándole, en cambio
Gorka se dirigía a la mansión, no sabía para que marchaba allí, no le
interesaba. Estuvo andando horas y horas, no encontró a nadie, se comenzaba a
sentir solo.
Pensaba en todas las cosas que había vivido, y
gracias a Gorka no sabía si todo era cierto o una falsa, no lo sabía, tenía que
averiguarlo.
-¿Qué haces aquí?
Satoru miró hacía todos los lados para ver quién
era el que le saludó, hasta que lo vio apoyado sobre un gran árbol, era Rubén…
y era sorprendente, le faltaba un brazo y todo el pecho cubriendo el hombro
donde estaría el brazo que le faltaba, estaba vendado. No sabía lo que había
pasado.
-Estoy solo…- dijo Satoru.
-Todos estamos solos, a mi me abandonaron…- susurró
Rubén, el chico rubio no supo en lo que estaba pensando.
-¿Dónde está tu brazo?
-Más adentro del bosque, hay un monstruo… conseguí
escapar y Gorka me ayudó, no es tan mal chico ¿Sabes?
-¿Un monstruo?- Satoru se interesó por él.
-Si… es horrible.
-Te dejo solo…
-¿Vas a buscar al monstruo?
-Sí…
-No sé lo que pretendes.
Aun así, Satoru dejo solo a Rubén y fue recordando
uno a uno los dieciséis alumnos que tenían una beca. Se infiltro en el bosque
buscando al monstruo, incluso lo comenzaba a llamar. Mientras pensaba en aquella
chica que no llegó a conocer, Natalia… ¿Qué le habría pasado? Y miles de
personas más. En aquella isla todos estaban locos, todos habían asesinado a
alguien y sus recuerdos fueron modificados, era gracioso.
Él tenía una hermana, de cinco años, ella le quería
tanto… que incluso daría su vida por él, pero Satoru no sabía si ella era real
o no, un simple recuerdo inventado, y eso le rompía el corazón. Quería alguien
a quien cuidar, alguien a quien querer… siempre tuvo a esa persona, pero no existía.
Quiso gritar.
Al infiltrarse en lo más profundo del bosque
comenzó a gritar para que el monstruo no apareciese, pero no aparecía.
-¿Qué planeas hacer?- le dijo una voz de una niña,
la de su hermana pequeña.
-Quiero acabar con todo, estoy dudando si existes o
no…- le contestó Satoru, aunque nadie le escucharía.
-No existo ¿Recuerdas?
-Recuerdo que existes, pero no lo entiendo.
-Yo existí en un tiempo… pero ahora me quieres
olvidar, por eso ya no existo.
-Sigo sin entenderlo…- confesó Satoru.
-El que nada entiende, nada sabe.
Y en frente de Satoru apareció aquella horrible
bestia entre las sombras. Al rubio se le saltó una pequeña lágrima y apretó el
puño, estaba a punto de acabar con todo. Era imposible escapar a aquellas
alturas, la bestia y él estaban cara a cara. Y Satoru recordó el momento en el
que le prometió a su hermana que volvería.
-Dijiste que volverías- dijo aquella voz infantil.
-¿De verdad lo dije?
-Si… hermanito…
-¿Qué?
-Te quiero.
Y Satoru miró al monstruo a los ojos, la horrible
bestia alcanzado sus grandes manos en la cabeza de Satoru y se la arranco solo
con tirar un poco, el cuerpo cayó al suelo y la bestia se tiro la cabeza a su
horrible hocico.
-Te quiero- se volvió a escuchar aquella voz,
aunque esta vez no la escuchaba nadie. Satoru había muerto, no llegaría a saber
si su hermana era real o no. Satoru se suicido de la forma más fácil que había,
dejo que alguien le matase.