miércoles, 1 de enero de 2014

11 - La chica discapacitada

-Padre, me has mentido…- dijo Violeta encogida de hombros.
-Yo no miento… solo juego. Después de que este juego acabe, podrás andar por primera vez ¿No estás contenta?- dijo el Director.
-No quiero andar… no quiero que nadie muera- Violeta se encogió de hombros.
El Director cogió la silla de ella y comenzó a llevarla por aquella pequeña casa hasta llegar a un luminoso salón con una chimenea, la joven fue llevada hasta el frente de la luminosa llama que estaba más ardiente que nunca.
Ella miró la llama con el libro en sus manos “María”, lo abrió lentamente y lo leyó. Se fijo como su padre se fue de la habitación y miró hacía, volvió a leer el libro una y otra vez, así pasaba todas las mañanas con aquel libro.
-Tiene que haber algo de este libro que signifique algo… ¿Pero el qué?- dijo Violeta algo cansada. Después de aquello pensó que ella también estaba dentro del juego y podría morir en cualquier momento, también quiso saber cómo lograría su padre que pudiese andar si o quién de los 16 alumnos tendría una llave dentro que le ayudaría a salir.
Su padre volvió a entrar en la habitación y la miró.
-¿Qué tiene ese libro que te atrae tanto?- Dijo el Director.
-Al final del libro, María se queda sola esperado al amor de su vida-. Violeta miró al techo, no parecía convencida de sus palabras, en cambio aquello era lo que ocurría en el libro: una chica se enamoraba de su amante hasta que él se fue y no volvió. Luego pensó y miró a su padre- ¿Quién tiene una llave dentro suya? ¿Quién es el que tendrá que morir para que los demás salgan de esta isla?
-Una persona que jamás hubiese imaginado que tiene una llave dentro… ¿Sabes?
Y el loco hombre se volvió a ir de la habitación dejando a Violeta sola en aquel cuarto. Cuando salió él, ella se acerco a una estantería llena de libros, entre todos ellos un informe distinto de cada uno de los dieciséis alumnos, observó sus múltiple personalidades y lo diferente que era cada uno de ellos, entendió el experimento de la locura de su padre dándole él su toque especial.
La puerta se abrió bruscamente, Violeta se asusto y se giró rápidamente. Era una chica que no había llegado a ver antes, aunque su aspecto le sonaba.
-¡Chicos, entrar! Hay alguien…- dijo la desconocida.
-¿Quién eres?- preguntó Violeta asustada.
-Me llamo Nana…- la joven corrió hacía la silla de ruedas y la comenzó a mover- El Director te tenia encerrada aquí ¿No? ¿Quién eres tú? Bueno, no importa, tenemos que salir de aquí lo antes posible, después de habernos quedado sin hogar. Toda la residencia salió ardiendo, no entiendo que pretende tu padre-. Y dos chicos más entraron, una joven con una pequeña mochila y una bolsa de patatas y otro joven- Ellos son Rubén y Cykah, y tranquila, nosotros te salvaremos.
Aquella joven llamada Nana apenas la dejo hablar, no entendía como había descubierto el escondite de su padre, no lo entendía. Aun así, por muy rápido que ella se movió y la sacó hacía el bosque, se alejo de la cabaña.
Violeta no entendía nada de lo que ocurrió.
-No matéis a nadie…- dijo Violeta encogida de hombros.
-No lo haremos, no creo que nadie se vuelta loco por conseguir una llave. Todos juntos podremos hacer una barca y volver-. Dijo Rubén, se fijo en el libro que la chica discapacitada llevaba en su pecho.
Violeta recordó cuando leyó el nombre de Nana en el informe, una chica con gran sentido de la justicia que querría descubrir la verdad costase lo que costase.
Durante todo el trayecto, Cykah no dejo de comer patatas, parecía muy nerviosa.
Se hizo de noche y Violeta no dijo ni una sola palabra, tampoco le preguntaron nada. Ella quería saber por qué.
Los tres chicos encendieron una hoguera, aunque quien más la disfrutó era Violeta que se sentía como en casa. Miró a los tres amigos y les dio envidia, ella nunca tuvo de eso… es decir, amigos. Había estado toda su vida sola y no quería admitirlo.
-Todos juntos saldremos de esta isla, os lo prometo- dijo Nana, aunque era algo absurdo sabiendo que había vidas en juego.- ¡Iré a buscar algo de comer! Frutas… o cualquier cosa, si puedo cazar un conejo, también lo haré.
Cykah se fue con ella dejándola a solas con Rubén.
-¿Quién eres? Nana no te lo ha preguntado- dijo Rubén.
-Mi nombre es Violeta…- dijo ella encogiéndose de hombros.
-No digo eso… me refiero… ¿Qué haces aquí, en la isla?
-No lo sé… el Director… me trajo…
-Es tu padre ¿Verdad?
-Sí… pero yo no soy como él… ¿Cómo lo has sabido?
-Tenéis los mismos ojos, eso es todo.
Y siguieron manteniendo una conversación absurda, a Rubén no le preocupó nada de Violeta… pasó un buen rato cuando los arbustos comenzaron a moverse, alguien iba a salir de ellos cuando de repente… ¡Era Cykah! Y no podía faltar su famosa bolsa de patatas, nunca nadie le preguntó el porqué comía tantas patatas.
Al salir elevó una tonta sonrisa, parecía estar cansada. Pero cayó al suelo repentinamente, fue golpeada con una roca. Había alguien en su espalda ¿Quién era? A él si lo reconoció, Noboru se adelanto por encima del cuerpo de Cykah y saco un cuchillo de la manga, fue demasiado rápido y en el tiempo que Rubén se levantó él agarró a Violeta del cuello acercando el afilado cuchillo a la garganta de Violeta.
-Aléjate de ella, Noboru- Dijo Rubén.
-Ve a socorrer a tu amiga de las patatas… o se desangrará…
Violeta hecho una mirada a Cykah y tenía razón, estaba sangrando por la cabeza y parecía que la sangre no pararía.
Violeta no tenía miedo, una mujer no debía llorar… ella no, había sufrido cosas peores. El chico que la secuestro parecía saber que ella era la hija del Director.
Y de repente Noboru cayó al suelo… Nana se acercó por detrás segundos después y le golpeo con otra piedra.
-¡Rubén, átalo una cuerda a un árbol!- dijo Nana.
Violeta se sintió feliz.
-¡Pero si no tenemos una cuerda!
-Me da igual, átalo.

Violeta descubrió que aquella gente no era mala… solo especial. 

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