-Padre, me has mentido…- dijo Violeta encogida de
hombros.
-Yo no miento… solo juego. Después de que este
juego acabe, podrás andar por primera vez ¿No estás contenta?- dijo el
Director.
-No quiero andar… no quiero que nadie muera-
Violeta se encogió de hombros.
El Director cogió la silla de ella y comenzó a
llevarla por aquella pequeña casa hasta llegar a un luminoso salón con una
chimenea, la joven fue llevada hasta el frente de la luminosa llama que estaba
más ardiente que nunca.
Ella miró la llama con el libro en sus manos “María”,
lo abrió lentamente y lo leyó. Se fijo como su padre se fue de la habitación y
miró hacía, volvió a leer el libro una y otra vez, así pasaba todas las mañanas
con aquel libro.
-Tiene que haber algo de este libro que signifique
algo… ¿Pero el qué?- dijo Violeta algo cansada. Después de aquello pensó que
ella también estaba dentro del juego y podría morir en cualquier momento,
también quiso saber cómo lograría su padre que pudiese andar si o quién de los
16 alumnos tendría una llave dentro que le ayudaría a salir.
Su padre volvió a entrar en la habitación y la
miró.
-¿Qué tiene ese libro que te atrae tanto?- Dijo el
Director.
-Al final del libro, María se queda sola esperado
al amor de su vida-. Violeta miró al techo, no parecía convencida de sus
palabras, en cambio aquello era lo que ocurría en el libro: una chica se
enamoraba de su amante hasta que él se fue y no volvió. Luego pensó y miró a su
padre- ¿Quién tiene una llave dentro suya? ¿Quién es el que tendrá que morir
para que los demás salgan de esta isla?
-Una persona que jamás hubiese imaginado que tiene
una llave dentro… ¿Sabes?
Y el loco hombre se volvió a ir de la habitación
dejando a Violeta sola en aquel cuarto. Cuando salió él, ella se acerco a una estantería
llena de libros, entre todos ellos un informe distinto de cada uno de los dieciséis
alumnos, observó sus múltiple personalidades y lo diferente que era cada uno de
ellos, entendió el experimento de la locura de su padre dándole él su toque
especial.
La puerta se abrió bruscamente, Violeta se asusto y
se giró rápidamente. Era una chica que no había llegado a ver antes, aunque su
aspecto le sonaba.
-¡Chicos, entrar! Hay alguien…- dijo la
desconocida.
-¿Quién eres?- preguntó Violeta asustada.
-Me llamo Nana…- la joven corrió hacía la silla de
ruedas y la comenzó a mover- El Director te tenia encerrada aquí ¿No? ¿Quién
eres tú? Bueno, no importa, tenemos que salir de aquí lo antes posible, después
de habernos quedado sin hogar. Toda la residencia salió ardiendo, no entiendo
que pretende tu padre-. Y dos chicos más entraron, una joven con una pequeña
mochila y una bolsa de patatas y otro joven- Ellos son Rubén y Cykah, y
tranquila, nosotros te salvaremos.
Aquella joven llamada Nana apenas la dejo hablar,
no entendía como había descubierto el escondite de su padre, no lo entendía.
Aun así, por muy rápido que ella se movió y la sacó hacía el bosque, se alejo
de la cabaña.
Violeta no entendía nada de lo que ocurrió.
-No matéis a nadie…- dijo Violeta encogida de
hombros.
-No lo haremos, no creo que nadie se vuelta loco
por conseguir una llave. Todos juntos podremos hacer una barca y volver-. Dijo
Rubén, se fijo en el libro que la chica discapacitada llevaba en su pecho.
Violeta recordó cuando leyó el nombre de Nana en el
informe, una chica con gran sentido de la justicia que querría descubrir la
verdad costase lo que costase.
Durante todo el trayecto, Cykah no dejo de comer
patatas, parecía muy nerviosa.
Se hizo de noche y Violeta no dijo ni una sola
palabra, tampoco le preguntaron nada. Ella quería saber por qué.
Los tres chicos encendieron una hoguera, aunque
quien más la disfrutó era Violeta que se sentía como en casa. Miró a los tres
amigos y les dio envidia, ella nunca tuvo de eso… es decir, amigos. Había
estado toda su vida sola y no quería admitirlo.
-Todos juntos saldremos de esta isla, os lo
prometo- dijo Nana, aunque era algo absurdo sabiendo que había vidas en juego.-
¡Iré a buscar algo de comer! Frutas… o cualquier cosa, si puedo cazar un
conejo, también lo haré.
Cykah se fue con ella dejándola a solas con Rubén.
-¿Quién eres? Nana no te lo ha preguntado- dijo
Rubén.
-Mi nombre es Violeta…- dijo ella encogiéndose de
hombros.
-No digo eso… me refiero… ¿Qué haces aquí, en la
isla?
-No lo sé… el Director… me trajo…
-Es tu padre ¿Verdad?
-Sí… pero yo no soy como él… ¿Cómo lo has sabido?
-Tenéis los mismos ojos, eso es todo.
Y siguieron manteniendo una conversación absurda, a
Rubén no le preocupó nada de Violeta… pasó un buen rato cuando los arbustos comenzaron
a moverse, alguien iba a salir de ellos cuando de repente… ¡Era Cykah! Y no
podía faltar su famosa bolsa de patatas, nunca nadie le preguntó el porqué comía
tantas patatas.
Al salir elevó una tonta sonrisa, parecía estar
cansada. Pero cayó al suelo repentinamente, fue golpeada con una roca. Había
alguien en su espalda ¿Quién era? A él si lo reconoció, Noboru se adelanto por
encima del cuerpo de Cykah y saco un cuchillo de la manga, fue demasiado rápido
y en el tiempo que Rubén se levantó él agarró a Violeta del cuello acercando el
afilado cuchillo a la garganta de Violeta.
-Aléjate de ella, Noboru- Dijo Rubén.
-Ve a socorrer a tu amiga de las patatas… o se
desangrará…
Violeta hecho una mirada a Cykah y tenía razón,
estaba sangrando por la cabeza y parecía que la sangre no pararía.
Violeta no tenía miedo, una mujer no debía llorar…
ella no, había sufrido cosas peores. El chico que la secuestro parecía saber
que ella era la hija del Director.
Y de repente Noboru cayó al suelo… Nana se acercó
por detrás segundos después y le golpeo con otra piedra.
-¡Rubén, átalo una cuerda a un árbol!- dijo Nana.
Violeta se sintió feliz.
-¡Pero si no tenemos una cuerda!
-Me da igual, átalo.
Violeta descubrió que aquella gente no era mala…
solo especial.
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