martes, 31 de diciembre de 2013

10 - Inocente joven con quemaduras

Y entonces fue cuando ella llegó a la estación de trenes, estaba todo vacio excepto por aquel hombre que barría. Ella se sentó en uno de los bancos a esperar el tren, temblando apretó el puño cuando observó al hombre del mostacho que limpiaba.
-¿Estas esperando a alguien?- preguntó él-. No es muy común encontrar a gente es la estación tan tarde.
-Sí espero a alguien, pero no aparecerá. Me odia.
-Tener a alguien a quien esperar es señal de buena suerte, incluso aunque no aparezca.
Aquella frase dejo confusa a Blanca, no llegó a entender lo que significaba realmente, pero posiblemente sería algo bueno.
Y ella despertó tras aquel horrible calor. No sabía dónde estaba, solo había árboles a su alrededor, árboles y tres personas más. Recordó aquel sueño que había tenido, era una secuencia de su vida que había ocurrido un año antes, pero aquello no le afecto… ¿Por qué recordó aquello? Blanca estaba demasiado confusa.
Analizó a todas las personas que había a su alrededor, las analizó de una en una. La primera chica era Laura, la segunda era Claire y la tercera chica que estaba allí era Marta, tenía una gran mochila cargada a sus espaldas.
-Has estado toda la mañana durmiendo… estuviste a punto de morir en aquel incendio- dijo Laura.
Blanca se miró el brazo ya que lo notaba pesado, era una sorpresa para ella verlo todo quemado, como algunas partes de su cara que le dolían. También fue asqueroso, apenas se lo podía mirar con normalidad. Observó a Marta y también tenía algunas quemaduras.
-¿Qué ha pasado? No recuerdo nada…- dijo Blanca, estaba confusa.
-Estamos solas…- dijo Marta apretando el puño-. Estamos solas, hemos perdido nuestras cosas y estamos solas…
-¡Qué ha pasado!- Gritó Blanca, parecía no haber sido una pregunta.
-El edificio se quemo… y… cada uno de los chicos ha ido por su cuenta.- dijo Marta.
-Solo quedamos nosotras como un grupo… nadie confía en nadie, se han vuelto todos locos…- dijo Claire.
“Me duele el brazo… mucho… y no solo el brazo, si no también casi todo mi cuerpo… tengo que analizar la situación… pero no puedo” pensó Blanca.
Tras una hora de haber descansado y comido bayas, las  cuatro chicas caminaron hasta infiltrase más en el bosque, Blanca iba agarrada de Laura. Sabía que tendría que encontrar una solución a todo aquello ¿Pero cómo hacerlo?
Al poco rato un ruido se comenzó a escuchar por toda la isla como si hubiera un gran altavoz que se hiciera resonar. Todas las chicas estuvieron atentas a lo que decía aquella persona, era la voz del Director. Estaban salvadas, o al menos eso pensaba Blanca que estaba atrapada en una oscuridad que ni ella misma entendía.
-¿Me escucháis? Seguro que si… os quería anunciar del terrible fracaso que ha ocurrido en la isla, os habéis quedado sin casa… ¡Aun así podéis salir de este lugar flotante de una manera! ¿Sabéis cual? Hay un helicóptero en algún lugar de la isla, y la llave con la que se arranca el artilugio esta dentro de alguno de vosotros ¿Pero de quién? Y si, he visto demasiadas películas de terror y me apasionan.
Cuando dejo de hablar solo se comenzó a escuchar el silencio.
-¿Es una broma?- dijo Laura asustada.
-No es una broma… ¡Esto va en serio!- Dijo Claire, al parecer tenía motivos para decirlo.
-¡Él quiere que nos asesinemos para encontrar una maldita llave!- Gritó Laura asustada.
Blanca apenas tenía palabras para hablar, lo mejor era descansar.
Al pasar la noche buscaron un pequeño refugio para dormir, aunque no era del todo cómodo las chicas se durmieron rápido… todas menos Blanca. Observó a Claire, luego a Marta y Laura. ¿Qué tramaba el Director? Ella estaba temblando, no podía dejar que la matasen.
“Tener a alguien a quien esperar es señal de buena suerte, incluso aunque no aparezca.” Recordó Blanca… pero… ¿A quién esperaba en ese momento? ¿Quién le dijo aquella frase? Tantas preguntas sin sentido alguno pasaron sobre su cabeza.
Decidió pasear bajo la luz de la luna, sin miedo a toparse con algún animar salvaje. Sin saberlo se alejó de las demás y unos gritos de horror se comenzaron a escuchar ¿Quién era?
Comenzó a caminar tranquilamente, pero los pasos se acercaban.
-No eres lista, por la noche se suele dormir ¿Lo sabes?- dijo aquel chico.
Blanca dio dos pasos hacia atrás no creía lo que estaba viendo.
-Gorka… tú… ¡Por tu culpa!
-Veo que te acuerdas de mí…- contestó el chico pasando por su lado y perdiéndose en la oscuridad como si ya nada existiese.
Blanca le dejó ir como si nada pasase, recordó quien era él: el motivo por el que se suicidio la persona que más amaba hace un año, lo recordó… no quería hacerlo, pero lo hizo. Quiso llorar, gritar y hacer miles de cosas.
No tenia casa, no tenía nada.
Unos gemidos de dolor se escuchaban a lo lejos ¿Quién era? Blanca pasó por los arbustos para ver quien se encontraba allí, había un chico tirado en el suelo con el pie atrapado en una trampa para cazar ratas u otros animales. Parecía dolerle. Reconoció a aquella persona y era Sentoki, se sorprendió y se acerco a él para quitarle aquella trampa de su pie.
-Duele…- dijo él.
-Lo sé- dijo ella que lo estaba pasando aun peor con las quemaduras. Por cada paso que daba le costaba caro por el dolor de las quemaduras.
Después no dijeron nada hasta un rato, caminaron los dos.
-En esta isla están todos locos… Blanca, tienes que salir de aquí…- dijo Sentoki encogido de hombros.
-No entiendo nada…
Pero en el momento que Sentoki le explico todo lo que había vivido y como había logrado escapar a Blanca, un sentimiento incomodo pasó por su mente.
Se pararon a comer debajo de un árbol, frutas silvestres. Mientras Blanca comía se había dado cuenta que olvidó de Laura, Claire y Marta. Ya estaba amaneciendo y ellas despertarían pronto… pero siguió hablando con Sentoki que era su única esperanza.
-Aun te tengo que contar algo… hay un secreto en esta isla… y es…- Sentoki parecía estar en una película, y para Blanca todo le pasó muy lento.
Su cabeza explotó, la cabeza del joven exploto en mil pedazos como si fuera una bomba. Blanca gritó aterrorizada y comenzó a llorar, estaba manchada de sangre. En todo el lugar había sangre y una chica llorando.
Al frente apareció el Director pasando por su lado elevando una leve y tonta sonrisa.
-Si… tenéis todos bombas incrustadas en el cerebro y explotan cuando yo quiero…- dijo y desapareció rápidamente.

Blanca comenzó a llorar aun más fuerte.

lunes, 30 de diciembre de 2013

9 - María

-¿Os habéis dado cuenta del jaleo que habéis montado? ¿Y de todos los libros que hemos perdido? Lo peor de todo, es que habéis puesto vuestras vidas en juego ¡Vuestras vidas!- Decía el Director furioso-. No veo justo que hagáis lo que habéis hecho, no lo veo justo ¿Por qué no habláis? ¿Estáis arrepentidos?
-Pe… pero…- dijo Yami que estaba en frente de él, recordando todo lo que había costado apagar el fuego. Ella había sido la que peor lo había pasado.
-Iros…
Y los tres amigos se levantaron de las sillas y se dirigieron a irse. Dani aun temblaba por el trauma que había ocurrido tan solamente unas horas, Yami no podría contarlo… y Toni estaba en su mundo ¿En qué pensaría?
-Tú no. Toni, quédate.
Toni se paró y se dio la vuelta observando el verdadero rostro del Director, elevó una tonta sonrisa y se encogió de hombros. No parecía para nada arrepentido de haber incendiado toda la biblioteca
Yami y Dani habían salido del despacho.
-Director… soy inocente-. Toni se sentó cómodamente en la silla, aprovechando que estaban ellos dos solos.
-No sé quién demonios eres, pero harás mi juego más interesante.
-¿Por qué sonríes, Director? Yo no juego… solo actuó.
Aquel hombre dejo algo sobre la mesa, era un collar con forma de estrella, tenía una sonrisa y unos ojos que parecían botones. Toni no entendió el porqué dejo aquel collar allí, pero lo agarró elevando una leve sonrisa y se lo puso.
-Director, vine aquí para asesinarte- confesó Toni.
-¿Tan malo soy?
-Te vi… pasear por la calle aquel día… supe quien eras, me intrigaste… ¡Y aquí estoy! Quise venir a la isla para asesinarte, porque asesinar es tan divertido-. Aquella sonrisa incomoda de Toni no le gustó nada al Director, le hizo temblar.
Toni se levantó de la silla con su loca sonrisa y linda mirada, salió de la habitación. Al salir se encontró a Yami y Dani. En ese instante su compañero se le acercó, parecía furioso, y tan rápido como pudo le golpeo con el puño cerrado en el estomago, aquello le dolió a Toni. Después de ese puñetazo vino otro.
Yami corrió hacía Dani y le separó
-¡Para! No os peleéis…- dijo ella
-Los libros son aburridos… lo que está a punto de comenzar, eso sí que será un gran drama ¿Verdad?- dijo Toni.
-¿De qué hablas?- susurró Dani.
Toni no respondió a aquella pregunta y pasó por su lado, sin miedo alguno se dirigió a su habitación solamente para acostarse y descansar, el día siguiente sería un día muy duro, más de lo que él creía, pero si sabía.
Despertó en el miedo que inundaba la muerte, recordaba aquel momento en el que le prometió a su hermano menor que volvería ¿Pero sería verdad aquella promesa? ¿Se cumpliría? Sabía en donde se metía desde que entró en la isla.
Hace dos años atrás, descubrió los ojos experimentos psicológicos y horribles de El Director y quiso desentrañar la verdad de todo. Por eso, se intentó suicidar varias veces de distintas formas... todo para despertar de nuevo y volverse loco, así se encontraría con él y podría enfrentarse cara a cara contra el director.
Al día siguiente caminaba por el pasillo, su paso era lento y a lo lejos se encontró con un peón que parecía ser el más importante del juego del director, aunque posiblemente se equivocaba.
Toni iba mostrando el collar que le dio aquel vejestorio el día anterior, parecía presumir de él.
Noboru se acerco violentamente al chico.
-¿Y ese collar?- dijo Noboru.
-¿Disculpa?- Toni parecía estar confundido, aunque para nada lo estaba.
-Ese collar pertenecía a Natalia...
-Perdón… no se dé que hablas…- Toni parecía estar sorprendido al llegar a descubrir el origen del collar, pero su juego aumentaba la diversión por minuto.
-Tú la asesinaste… ¡Fuiste tú!- Gritó Noboru.
Yami observó la escena desde lejos y se acerco agarrando a Toni, se lo llevó sin dejar que hiciera nada. Lo llevó debajo de las escaleras, donde se podían mirar fijamente.
-Yami…  me han acusado de asesinato, yo no sería capaz de tal cosa… lo sabes… ¿Verdad?- susurró Toni.
-Ayer incendiaste una biblioteca… estás loco… ¿Qué diablos haces aquí?- le dijo ella furiosa.
-Antes de que yo te conteste, dime qué diablos haces tú aquí. No sabes donde estas metida.
Toni se apartó rápidamente, era hora de continuar su plan y hacer su segunda locura. La guerra ya había comenzado y nadie sabía de ella.
Al pasar la tarde leyó aquel libro titulado “María” que se había leído mil veces y nunca se había cansado de él.

“Llega tarde a casa con la bruma en el mar, llega con la rabia enroscada, entra muy despacio para no despertar, el sueño más bonito que hay. Sale de la niebla, un bostezo al lunar, descalza y despeinada. Corre, corre hasta sus brazos como nadie lo hará jamás. Y María le dice que sí, dice sonrojada que sí. Y él contesta que todo irá bien, que las flores volverán a crecer donde ahora lloramos.
[…]
Y el invierno llegó y él se fue, y cuentan que María sin él no se mira en los charcos. Cada 13 de Marzo a las diez, ella espera verle otra vez pero él se ha marchado. “

Y Toni cerró el libro y observó por la ventana, era la hora.
Tan rápido como pudo salió del edificio, al frente le esperaba aquel chico rubio con el que tanto se llevaba bien y muy pocos sabían, Satoru.
-¿Has hecho lo que te he dicho?- dijo Toni.
-Sí… pero… ¿De verdad no habrá muertos?- dijo el rubio temblando.
-De verdad. Ahora dame la caja.
Y Satoru le dio una caja de cerillas, y Toni tan rápido como pudo encendió una cerrilla. Observó al suelo, como un liquido casi tocaba sus pies, dio tres pasos hacia atrás y hecho la cerilla al liquido. Y de repente, en cuestión de segundos el edificio comenzó a arder, era terrible todo aquello.
Toni se dio la vuelta y comenzó a andar para infiltrarse en el bosque. El verdadero juego no era del Director, si no el suyo. Satoru le siguió.
-¿Cómo van a vivir a este incendio?- preguntó Satoru.
-No lo sé… pero vivirán…- Toni elevó una leve sonrisa y se dio cuenta de que ya estaba infiltrado en el bosque.

Al mirar hacia atrás observó el gran incendio que él había provocado. Tenía aquel libro que tanto quería en las manos, y el collar de Natalia puesto. 

domingo, 29 de diciembre de 2013

8 - Dejarle gritar y todo acabará

A Yami nunca le había gustado leer, nunca había leído un libro, sin embargo su mejor amigo en aquella isla, le encantaba los libros. Sí, Toni era un chico bastante extrovertido que le gustaba hablar sobre de lo que le apasionaba… como a todo el mundo. Como una chica como Yami y un chico como Toni habían llegado a ser amigos, ni ellos mismos lo entendían. El tercer chico de aquel trío era Dani, un joven que les reía la gracia a todos.
En aquel lugar solo había unos cuantos sitios, unos cuantos grupos… y nada más. El mejor lugar era el comedor, lleno de comida y diversión. Yami se encariñó con aquellos dos chicos, eran especiales para ella…
-Pues al final María vuelve después de dos años, y él no estaba… ¡Es un final muy triste! ¿Sabéis? ¿Sabéis?- dijo Toni, hablaba del último libro que había leído.
Dani se comenzó a reír tras escuchar a su amigo.
-Sabes que no me interesa- contestó Yami algo cansada de escuchar su voz ¿Por qué sería? Era algo que ella no conseguía comprender.
Ella no sabía que aquella felicidad que tanto ocultaba en su corazón… acabaría aquella noche. Todo terminaría.
En su habitación estaba con Blanca, su compañera. Se tiro a la cama y de repente Cykah, su otra compañera de habitación entró de repente, como era normal estaba comiendo patatas de una bolsa que tenía en la mano, por un extraño motivo Yami tuvo ganas de meter la mano en la bolsa y quitarle una de las patatas.
El día pasó tranquilamente hasta que decidió ir a buscar a Dani para rematar el tiempo, si, sería lo mejor.
Llegó al segundo piso de la residencia, donde se encontraba un montón de habitaciones y aulas, en una de las habitaciones estaba llenas de cajas metálicas, pero a ella no le importaba que la entrada a ese cuarto estuviese prohibida, entraba todas las tardes para estar a solas con Dani.
-Ya has llegado- dijo él.
-¿Me estabas esperando?- preguntó Yami elevando una tonta sonrisa.
-Realmente si… estaba un poco necesitado…
-No entiendo que quieres decir…- Yami se sintió confundida.
-Simplemente me sentía solo. Toni no para de hablar de sus libros y videojuegos ¿Entiendes? ¡No me gusta!
Yami se dio cuenta de algo.
-Tengo un don ¿Lo sabías?- Dani se mantuvo callado-. Puedo detectar las mentiras de las personas y tú me estas mintiendo.
Dani miró por la ventana de aquel lugar y observó que ya estaba atardeciendo, tuvo miedo por alguna extraña razón. Se encogió de hombros y miró a Yami. Rápidamente cuando ella iba a decir algo, la beso rápidamente e introduciendo su larga lengua en la boca de ella, haciendo que se enredasen, fue algo forzado. La mano de él fue dirigida a su pecho pero Yami se separó de él y lo último que recibió fue un guantazo.
-Busquemos a Toni, y no vuelvas a intentar distraerme, niñato.
Dani dio un suspiro.
Y los dos amigos fueron a buscar a Toni, se dirigían al comedor donde se supondría estaría. Mientras caminaban por aquel pasillo, Noboru, uno de los estudiantes paso por su lado, parecía tener prisa.
Yami le agarró del brazo antes de que pasara de largo.
-¡Eh tú, a donde vas!
-¿Yo? Déjame- Dijo Noboru soltándose.- ¿Sabéis? Sentoki, si, mi compañero de habitación ha desaparecido ¿Lo sabéis? Todos desaparecen, él, Natalia, todos. Así que dejarme.
Yami se quedo en blanco, no sabía la desaparición de su amigo… pero no le dio importancia y fue a buscar a Toni, al comedor, al único lugar donde podría estar.
Cuando llegaron al comedor observaron que estaba completamente vacío excepto por el ayudante del cocinero que estaba recogiendo de las mesas todos los platos sucios que veía. Pero no había ningún rastro de Toni ¿Dónde podría estar?
Yami recordaba y no había llegado a ver al cocinero en unos días ¿Dónde se abría metido? Realmente pensó que no se dejaba ver por alguna extraña razón que no le interesaba, nada le interesaba a ella.
Después de buscar habitación por habitación se le ocurrió buscar en la biblioteca, un lugar extraño para Toni. A él no le gustaba estar en aquellos lugares llenos de silencio, por algún extraño motivo que desconocía, pero si le encantaba leer… ¿Por qué no le gustaba estar en una simple y normal biblioteca? ¿Por qué? Sería un misterio y tendría la sensación de que aquella noche descubriría algo.
Toco habitación por habitación, pero nadie sabía nada. A lo lejos observó al chico que se llamaba Noboru y a otra de las chicas, su nombre era Elena.
-Sé que has sido tú quien ha hecho desaparecer a Sentoki ¡Dime donde está!- Dijo la chica furiosa.
-¿Qué? Yo también le estoy buscando. Porque te rechace una vez no me tienes que odiar-. Al parecer Noboru fue lo más sincero posible.
-Nunca me rechazaste y nunca me gustaste, solo me gustó Sentoki.
Dani se encogió de hombros mientras escuchaba aquella absurda conversación y parecía preguntarse qué es lo que habría pasado entre ellos dos.  Pasaron por su lado y rápidamente Yami se dio cuenta del cambio que había dado aquel chico llamado Noboru durante todo el tiempo que habían estado en la isla, él siempre había sido un chico callado a la vista de todos… pero se veía en ese momento… tan… rebelde… hacía justicia a su apariencia de matón de pueblo.
Pasaron por el lado de la pareja discutiendo e iban directamente hacía la biblioteca, ya sabéis, aquel lugar aburrido llenos de libros que Noboru solía pasar mucho tiempo en él, era extraño.
-Dani, apenas sabemos nada de ti-. Decía Yami mientras caminaba por aquel largo pasillo, cada vez estaba más cerca de la biblioteca.
-¿Y qué quieres saber?- preguntó Dani.
-No sé… ¿Tenias hermanos?
-Tenía tres.
-¿Y donde están ahora?
-Muertos.
Aquello dejo a Yami sin palabras.
Al abrir la puerta de la biblioteca, como era lógico, entraron. Una vez allí se encontraron el cuerpo de la bibliotecaria tirada en el suelo, no estaba muerta, pero seguramente había recibido un buen golpe en la cabeza.
Todos los libros estaban tirados en el suelo, era incluso difícil caminar por la habitación y entre todo aquel montón de libros estaba Toni, elevando una leve sonrisa. El chico tenía algo en la mano, Yami no sabía lo que era.
Toni dio un salto al suelo dejando aquel montón de libros atrás.
-Te hemos estado buscando…- dijo la chica-. ¿Qué ha pasado aquí?
Toni no contestó, Yami no tardó en darse cuenta de lo que Toni tenia era una caja de cerillas. Y de repente el comenzó a reír sin motivo alguno, una risa tan horrible y macabra que la asustó, y no parecía la única sorprendida, Dani también se llevó una gran sorpresa.
Y tan rápido como pudo encendió una cerilla y la tiro al montón de libros, tan rápido como podía pasar un rayo de luz por la mente de un humano normal, así fue como la sala se comenzó a llenar de fuego rodeando a Yami y Dani.
Gritos y más gritos de Yami inundaba la sala, el calor se acercaba a ella. Dani parecía asustado ya que Toni no parecía parar de reír ¿Qué demonios le pasó? Un temblor salió de su cuerpo y ella, tan rápido como pudo, comenzó a llorar deseando no ser abrasada por aquel horrible fuego.

sábado, 28 de diciembre de 2013

7 - ¿Quién eres?

Besos llenos de pasión recorrían el cuello de Elena, poco a poco su piel se iba sintiendo desnuda. Al poco tiempo fue penetrada, como todas las noches desde que asesino a aquel cocinero con remordimientos. Sentoki estaba enamorado de ella, como todos los hombres a los que Elena dominó en un momento.
Acabaron tumbados en la cama, durmiendo como si nada hubiera pasado.
-¿Cuántas parejas has tenido?- preguntó Sentoki intrigado, pero se dio cuenta de que Elena ya se había quedado dormida.
Se levantó de su cama y se miró en el espejo, tenía una cicatriz en el estomago que no recordaba habérsela hecho. Parecía como si se la hubiese cosido ¿Qué sería aquello? ¿Cuánto se hizo semejante cicatriz? Se la acaricio con miedo, como hacía todos los días al vérsela.
Y pensó… ¿Dónde estaría Noboru en aquellos momentos? Ya debería haber vuelto, pero no volvió. El chico no tardó en vestirse y salir de la habitación para buscar a su compañero, no eran horas de estar vagabundeando.
Caminó por los oscuros pasillos de la residencia esperando encontrar a su amigo, pero no iba a tener aquella suerte tan rápido. Llegó hasta las afueras de la residencia, observando el gran jardín donde varias actividades eran cometidas allí… y después de ese jardín un bosque donde la oscuridad penetraba en él.
Decidió no alejarse más, posiblemente su compañero estaba en la biblioteca, si, a él le gustaba leer… ¡Podría estar en la biblioteca!
Al llegar aquel lugar lleno de libros, descubrió que estaba totalmente vacío… y se volvió a preguntar: ¿Dónde estaría su compañero?
Decidió explorar fondo la biblioteca, podría estar debajo de una mesa o detrás de una estantería… podría estar en cualquier sitio, solo tenía que explorar un poco. Después de todo, no encontraría nada.
Se dio la vuelta y se fue.
Volvió a su habitación y estaba completamente vacía, al parecer Elena se fue a su dormitorio. No le doy vueltas a aquel asunto, solo le interesaba encontrar a su amigo. Se sentó en la cama mientras estaba asomado a la ventana, a lo mejor veía algo interesante y aquel era el caso.
Una silueta parecía salir del bosque ¿Quién era? ¿Podría ser Noboru? Se levantó rápidamente de la cama y fue haber quien era. No corría por los pasillos, solo caminaba a paso rápido, simplemente caminaba.
Al llegar al jardín se sorprendió al ver que no había nada… ¿O sí? Unas voces se escuchaban a lo lejos, estaban infiltradas en el bosque. Sentoki se iba acercar más, pero fue interrumpido por una llamada de atención.
-¿Qué haces?- dijo aquella voz.
-¿Quién eres?- Sentoki se dio la vuelta y observó a aquel chico. No le conocía de nada.
-Mi nombre es Gorka ¿No deberías estar durmiendo?
-No te he visto nunca por aquí… ¿Quién eres?
-Ya te lo he dicho, Gorka.
Sentoki se iba a dar la vuelta… pero…
-Será mejor que no te des la vuelta…- Dijo Gorka. El chico sorprendido se acabo de dar la vuelta y le golpearon con algo en la cabeza… haciendo que cayese al suelo inconsciente.
Todo se volvió oscuro, apenas recordaba que era lo que había pasado. Se intento mover, pero al abrir los ojos descubrió que estaba atado en el suelo ¿Qué demonios? Un olor a perfume de rosas inundo toda la habitación, apenas podía ver nada, pero levantó la vista y observó una silla de ruedas con una joven de su misma edad sentada allí.
-Suéltame…- dijo Sentoki algo nervioso.
-Mi padre te soltará cuando llegué el momento… y no quiero que llegue ¿Podrás hacer algo?- dijo aquella chica.
-No te entiendo…- Sentoki confundido lleno de confusiones podría notar que tenía alguna herida por la cabeza, pero las cuerdas que le ataban las manos no le permitían tocarse y los pies muchos menos. Se comenzó arrastrar por el suelo mirando la puerta de la luminosa habitación, observándola lentamente. Y consiguió llegar a la puerta.
-Será mejor que no te vayas… o te mataran…- dijo aquella chica.
-¿Quién demonios eres?- dijo Sentoki amargando por tener aquellas cuerdas que le apretaban cada vez más sus manos y piernas, que no le permitían moverse ni un segundo.
-Mi nombre es Violeta… y soy la hija del tan famoso llamado “El Director”- confesó ella.
Sentoki no sabía en donde se había metido, realmente… algo extraño pasaba en aquella isla y él lo había descubierto pensando en todo lo que había ocurrido aquella noche ¿Quién era Gorka? ¿Quién era Violeta? Y… ¿Quién era el Director? Misterio tras misterio pasaba por su mente, pero no se le paso la pregunta que realmente debería haber pensando “¿Por qué estaban en aquella isla?”.
Gorka entró por la puerta y miró al joven atado.
-Veo que has despertado…- dijo él.
-¿Qué quieres de mí?- Sentoki no estaba para nada asustado.
-Volver este juego más interesante… mucho más interesante… muchísimo más interesante ¿Alguna vez has intentando suicidarte? ¿O te han intentado matar? ¿Sabes que es lo que se siente estar al borde de la muerte?- preguntó Gorka.
-No… no lo sé…
-Es extraño, porque tú lo estas.
Gorka cogió a Violeta de la silla de ruedas y le saco de la habitación junto a él, su paso era lento.
Sentoki tenía que buscar un modo de salir de aquella habitación… pero no todo sería tan fácil, después de todo, sus compañeros le darían por desaparecido… a él y a su compañero Noboru… seguramente se diesen cuenta rápidamente.
Alguien iba abrir la puerta… y Sentoki estaba muy atento a aquella persona… no era posible, era él… su compañero, no podría estar más sorprendido.
-Has entrado en el juego del Director demasiado rápido, estoy orgulloso de ti ¿Cómo lo has hecho?
-No… no he hecho nada…- Sentoki temblaba al verle y más dudas iban a reventar su cabeza ¿Qué hacía él allí?- ¿Qué planea el Director?
-Solo experimenta…

Sentoki abrió los ojos cuando pronunció el nombre de aquel chico algo horrorizado, temblaba y quería avisarles de todo a ellos… ¿Pero cómo? 

viernes, 27 de diciembre de 2013

6 - Cuando era imposible recordar

-¿Qué futuro tienes planeado para cuando salgas de la isla? ¿Piensas trabajar o seguir estudiando?- le preguntó el Director.
-No me puedo permitir pagarme unos estudios…-. Rubén se encogió de hombros.- Simplemente, buscaré un trabajo. No me queda otra.
El chico había sido llamado al despacho del Director para ser entrevistado, y así fue. Después de él fueron llamados uno por uno, posiblemente a todos le harían las mimas preguntas… unas preguntas normales y corrientes, o quizás no y tenían alguna trampa. Aquello era algo que no le incumbía a Rubén.
Al salir del despacho al lado del siguiente chico que fue llamado, un joven rubio llamado Satoru. Nadie sabía nada de él, era sociable y divertido… pero su pasado era un misterio ¿Tenia familia? A Rubén no le importaba aquellos datos.
Pensó en las quince plazas que estaban ocupadas por distintas personas, cada una de ellas tendría una historia… y no quería ser cotilla, pero a él le hubiese gustado poder saber más y más sobre esas personas.
Al poco rato caminaba al lado de Nana por aquel luminoso pasillo, fue como si perdió la conciencia… pero estaba muy dentro de sí mismo y apenas sabia salir.
-¿Me estas escuchando?- preguntó Nana, parecía enfadada-. ¡No me has estado escuchando para nada! ¿Y tú te llamas hombre?
Rubén se encogió de hombros y volvió a la normalidad, al mundo real.
-Perdona… ¿Qué decías? Estaba pensando… en algo…
-Pues haberlo dicho antes, idiota.
-¿El qué?
-Que estabas pensando en algo, eres idiota.
-Ya me has llamado idiota una vez…
-Pues te lo llamo otra vez, idiota.
Rubén se miró al final del pasillo y observó cómo Satoru se alejaba aun más ¿Desde cuándo él estaba allí? ¿Tan desconectado del mundo real estuvo aquel día para no enterarse de quien pasaba a su lado? No podía ser posible.
-Oye… ¿Sigues en Rubénlandia?- preguntó Nana.
-No ¿Qué pasa?- Y en ese momento él se dio cuenta de la mirada de Nana, tenía algo planeado.- Quiero… infiltrarme en el despacho del Director esta noche y tú me ayudaras.
-¡N…no! ¿Cómo plenas hacer eso?
-¡Te veo luego en el salón de la televisión!- Nana se fue corriendo ¿A dónde iría?
Rubén se quedo solo en aquel pasillo.
Pasaron solo unas horas y a Rubén solo se le ocurrió pasear por el jardín. Todos los días eran igual de aburridos aunque Nana siempre le metía en algún lío, pero eso no implicaba que a él no le gustase aquello. Y se volvió a encontrar con el chico rubio.
-¡Hola!- le saludó el rubio- ¿Hoy no estás con tu amiga? Esto… como se llamaba ¡Ah sí, Nana!
Rubén desconfiaba de él.
-Últimamente están pasando cosas muy extrañas…-susurró Rubén, Satoru parecía no haberle escuchado bien.
-¿Has dicho algo?
-No… no he dicho nada.
Aquel encuentro fue extraño, aquel chico era extraño… un misterio le rodeaba y él pensaba averiguar la verdad si o si… en realidad prefería quedarse quieto y no hacer nada, era la mejor opción. Pero tenía el deber de hacer algo y descubrir la verdad.
Llego la noche y Rubén había llegado al comedor, donde habían quedado. No solo estaba Rubén, si no también estaba Cykah y su amiga Claire ¿Qué pintaba ella en todo esto? No entendía nada.
Estaban en fila como si fueran un escuadrón de soldados y Nana fuera el sargento.
-Si esta misión sale bien, Cykah, podrás tener todas las bolsas de patatas que quieras- Dijo Nana, ahora más bien conocida como Nana la Sargento en la mente de Rubén, pero sería mejor callarse aquel gracioso pensamiento.
-¿De verdad?- Cykah parecía emocionada al escuchar las palabras de su compañera.
-Claire… por tu parte, descubriremos quien es realmente Gorka y que trama el Director.
-¿Por qué piensas que detrás de todo esto está el Director?- dijo Rubén encogiéndose de hombros.
-El nos trajo aquí, nos dio las becas para una mejor educación… no creo que Natalia se haya ido de la isla, debe seguir por aquí y no confió en él ¡No confió!- Nana parecía que iba a perder la cabeza por descubrir la verdad, por una vez aquel chico, Rubén, sintió miedo de ella.
Recordó los cadáveres que encontraron en el bosque ¿Qué hacían allí? Tantas preguntas sin sentido… hasta que él recordó. El pelo rubio de Satoru era idéntico al de su hermano que murió hace cinco años… ¿Cómo pudo olvidar aquello? ¡Espera! Él no tuvo hermanos… miles de dudas por su mente pasaron una y otra vez, enredándose sin sentido ninguno, él siempre había sido hijo de una familia con grandes dotes… pero no tuvo ningún hermano y menos de cabello rubio.
-¿Estás bien?- preguntó Nana a la chica
Después de todo, los cuatro compañeros llegaron al despacho del Director, abrieron sin más y se pusieron a buscar cada uno en una estantería. Aunque el despacho fuese pequeño, tenía cuatro estanterías y una mesa. Rubén seguidamente se puso a buscar por los cajones que había, ninguno cerrado con llave y en todos ellos había papeles y más papeles. En ninguno explicaban nada.
Cykah agarró una cerrilla que tenía en el bolsillo y encendió una vela que trajo Claire para iluminar la habitación aun más, ya que estaba siendo iluminada por la luz de la luna que entraba por la ventana. Y al hacerlo toda la habitación fue iluminada por una pequeña llama.
-¿De dónde habéis sacado la vela y las cerillas?- preguntó Rubén.
-Se lo hemos quitado a los cocineros…- respondió Cykah encogida de hombros.
Y Rubén siguió buscando entre los cajones una y otra vez, pero unos pasos se escuchaban a lo que un silencio inundo la habitación y se escondió debajo del escritorio. La puerta fue abierta y no se pudo divisar quien era… solo voces y más voces.
-¿Qué hacéis en mi despacho?- dijo el recién llegado.
-¡Te estábamos esperando!- Dijo Nana, parecía bastante animada.
Claire agarró a Cykah.
-¡Iros a dormir!- Gritó el Director.
Cuando las chicas se fueron, el director pareció dejar algo sobre el escritorio y se fue él también. Rubén salió de su escondite, estaba todo vacio, como lo habían dejado, solo que la vela ya no estaba. Habían pillado a sus amigas y rezaba porque no le pillasen a él.  Antes de salir de la habitación, abrió el libro que el Director dejo sobre el escritorio… eran fotos… no conocía a nadie, pero en una destaco. Era un chico de cabello  rubio ¿Quién demonios era? Se acordaba de él, pero no sabía quién era ni de que le conocía… rápidamente Rubén salió de la habitación y lo primero que vio era una bolsa de patatas tirada en el suelo, seguramente se le cayó a Cykah.

***
El Director andaba por los pasillos de aquel lugar con aquel chico a su lado, parecía nervioso pero contento. El chico le miró y se mantuvo a decir aquellas palabras ¿Quién era él? ¿Quién demonios era?
-¿Han encontrado ya el cadáver?- preguntó el Director.
-¿Por qué piensas que el cocinero ha muerto?- dijo aquel chico.
Pero al final del pasillo apareció alguien, Gorka elevó una leve sonrisa al ver aquel alumno que antes de que comenzase aquel juego, como lo llamaba el Director, les traiciono.
-El cocinero esta muerto… y solo hay una razón, aquí todo el mundo está loco- dijo Gorka elevando una leve sonrisa.
-Gorka, eres consciente de que tú también formas parte del experimento ¿Verdad?
-¿Qué experimento? ¿Hay algo que no sé?- preguntó aquel chico que al parecer era uno de los quince alumnos.
***
Rubén volvió rápidamente a su habitación, seguramente Nana, Cykah y Claire ya habían desaparecido. Pero había alguien en la habitación, el rubio con el que se topo por la tarde, Satoru le miró de arriba abajo.
-¿Qué haces en mi habitación?- preguntó Rubén.
El rubio reacciono rápidamente.
-Esta noche voy a dormir aquí…- dijo aquel chico.

-Vale…- era algo que Rubén no se esperaba.

jueves, 26 de diciembre de 2013

5 - Dulce locura

A Elena no le gustaba la comida de aquel día y se quejo al cocinero, se negaba a comer aquel extraño gazpacho verde… aunque sus compañeros lo comían, ella se negaba. Ella era una chica muy refinada con las comidas, o no solo con eso… también con su estilo de ropa. Recordaba que antes de estar en aquella isla, era la más popular de su instituto, la más popular de su barrio… ella era la más querida.
-Quiero un trato diferente…- susurró Elena al cocinero.
-Comerás lo mismo que todos- dijo aquel hombre.
Ella se acerco sigilosamente a él y agarró su mano lentamente, la dirigió hacía su pecho. El cocinero de ruborizo al notar aquella dulce y blanca textura, pero rápidamente apartó la mano de su pecho.
-Venga… sé que quieres. Estas encerrado en esta isla con solo nosotros ¿No es aburrido el no tener alguien con quien follar?- dijo ella sacando la lengua.
-No seas malhablada- se quejo aquel hombre.
Los dos se miraron y de repente él le beso empotrándola con la pared, ella le negó el beso a ser empotrada y le quito las manos de sus pechos y elevó una tonta sonrisa. Pero a él no le pareció tan divertido
-Eres un maldito salido… no dejaré que me folle un cocinero asqueroso como tú-. Elena salió de la cocina y observó como todos comían con asqueo.  Nunca había visto tanta repugnancia en una habitación.
Ella sabía que todos los chicos se morían a sus pies, y le gustaba, aunque había alguien que aun no se había acercado a ella y saludado… Noboru. 
Aquel joven comía tranquilamente con su compañero de habitación, y también posiblemente mejor amigo, Sentoki. Ella se acercó elevando una leve sonrisa a la mesa donde aquellos dos comían aquella asquerosa comida. A Sentoki se le caía la baba por ella, pero su compañero tenía otras cosas más importantes que pensar.
-Hola… ¿Me puedo sentar con vosotros?
-S…si… ¡Claro que puedes, Elena!- Sentoki parecía el más feliz del mundo.
Ella se sentó al lado de en frente de Noboru mientras le miraba con una leve sonrisa, se preguntaba si le podría gustar.
-Eres bastante misterioso… ¿Cómo te llamabas? ¿Noboru? Creo que te llamaré Nobu ¿Te gusta?- Elena fue demasiado precipitada y apenas le dejo hablar a ninguno de los dos chicos.
El joven no contesto y bajo la mirada como bajo los hombros, parecía tener miedo de ella, pero no era así… ella para él era indiferente y lo notaba, lo sabía y lo odiaba, eso lo hacía más intrigante y adorable.
Elena siempre conseguía lo que quería, aquello no iba a ser una excepción.
Pasaron la tarde juntos, los tres juntos… aunque Noboru desapareció por arte de magia. Sentoki escuchó todas las historias de Elena una y otra vez, parecía embobado. Ella no aguantaba estar sin el amor de su vida, si es que se podía llamar así. Se levantó del banco donde está sentada y miró a su amigo.
-Espérate… voy a por algo de beber-. Elena corrió hacía dentro del edificio y se dirigió a la habitación de Sentoki y Noboru. Sin tocar ni nada abrió la puerta: allí dentro estaba Noboru sentado en la silla del escritorio, mirando a la cara fijamente a su compañera. El joven se había quitado la camiseta y los pantalones, prácticamente estaba semidesnudo, solo tenía unos calcetines blancos y unos bóxer puestos.
Noboru se levantó de la silla sorprendido al verla ¡Era de mala educación entrar a una habitación sin tocar!
-Te estaba buscando… ¿Por qué has desaparecido?- preguntó Elena que se ruborizo rápidamente al verle.
-¡No debes entrar en las habitaciones de otros sin permiso, Elena!- Le grito Noboru.
-Nobu… no era mi intención… -Ella se acerco a él.
-Aléjate… ¿Qué te pasa conmigo?- dijo el chico.
-Yo…
-¡Tú fuiste quien asesino a Natalia y quien me hizo los cortes cuando me desmaye! ¡Fuiste tú!- Gritó Noboru abriendo los ojos lo más que podía, parecía tener miedo, tanto que incluso temblaba.- ¡Por eso estas interesada en mi!
-¿Qué?- Elena estaba demasiado confundida.
Él la golpeo con todas sus fuerzas, a lo que ella bajo la cabeza, le miró a la cara y salió corriendo de la habitación, y corrió lo más que pudo. Paso por al lado del banco donde estaba Sentoki, y siguió corriendo mientras una lagrima por su rostro paso. No entendía lo que acababa de decir ¿Acaso Natalia estaba muerta? ¡No era posible! Tendría que haber escuchado mal…
-¿Qué te pasa?- dijo Sentoki que corrió hasta alcanzarla. Sin darse cuenta se habían infiltrado en el bosque.
-Yo…- Elena se ruborizo mientras una lagrima caía por su mejilla, se había dado cuenta de sus errores… ella intentó desde el principio ser perfecta, ella creía que era perfecta porque tuvo una vida que nunca antes nadie tuvo. Pero no era nadie inútil.
Aquel chico le beso con todas sus ganas empotrándola como el árbol, como horas antes el cocinero la había empotrado a ella contra la pared. Pero su beso le gustaba, era distinto a los de los demás chicos ¿Por qué se sentía distinta?
Elena agarró la muñeca de Sentoki y la dirigió hacía sus blancos y precisos pechos, era cierto que se había excitado antes de tiempo. Soltó un gemido que destaco entre aquel silencio en el bosque, un sonido que cobró vida en el interior de Sentoki, un gemido que volvería loco a cualquier hombre. Sus pechos se volvieron inesperadamente duros.
Era la primera vez que ella probó unos labios tan suaves como los de él, tuvo miedo de dañarlos, pero posiblemente aquel chico disfrutaba más de la situación que ella. Rápidamente el joven comenzó a coger la iniciativa y la chica se comenzó a sentir violada, aunque no era un sentimiento que no le gustase. Se metían la lengua entre los labios, Elena intento separarse de él, pero el chico no le dejaba. Su lengua comenzaba a introducirse más mientras el chico la desnudaba violentamente. Él solo se desabrocho la bragueta de sus pantalones dejando salir su miembro, la chica rápidamente fue penetrada una y otra vez.
¡Ploff!
Sentoki cayó al suelo siendo inconsciente, le habían reventado una botella en la cabeza. Elena quiso dar un paso hacia atrás, pero el árbol en donde estaba empotrada no le permitía hacerlo. Era el cocinero.
-A él te lo follas y a mí no… ¡Serás zorra!
Elena bajo la mirada y observó su mano derecha, tenía un cuchillo de cocina. Levantó el brazo y intento rajarla ¡El cocinero la había vuelto loco! Elena esquivo el tajo que le hizo y rápidamente le cogió del brazo cayendo los dos al suelo accidentalmente. El cocinero intentaba clavarle el cuchillo una y otra vez hasta acabar él abajo y ella encima.
La joven no se rendiría, le pegó un golpe al cocinero haciendo que soltarse el arma, y después de esa puñada una tras otra, por lo que ella lo agarró rápidamente el cuchillo y se puso encima de él aprovechando aquella oportunidad.
Lo comenzó a clavar y a sacar por todo su cuerpo, con muchísimo miedo… ¡Era lo que el cocinero había intentado que ella hiciese! Sangre de él comenzó a salir como si fuera un aspersor de agua. El hombre ya estaba muerto y no había necesidad de intentar clavarle más el cuchillo, sangraba por varias zonas de su cuerpo y ella estaba manchada de la sangre del hombre al que asesino.
Sentoki se levantó del suelo algo mareado y observó la escena… se imaginó lo que había pasado. Ella lloraba desconsoladamente, pero él la abrazó sin miedo alguno.
-He asesinado a una persona…- dijo Elena tras lágrimas.
-Saldremos juntos de esta, tranquila- confesó Sentoki.- Estamos en un bosque, cavaremos un hoyo y enterraremos el cadáver… ¡Y volveremos a nuestras habitaciones como si nada hubiera pasado!
De repente ella sintió que solo podía confiar en él.

4 - Nuestro mundo en el infierno

En aquella isla existían distintos tipos de personas: Noboru, un chico traumado por razones extrañas. Nana, una joven con ansias de averiguar una verdad que ella desconocía ¿Y qué más? Gente que vivía en su propio mundo, un mundo tan vivo y alegre que no se imaginaban lo que estaba a punto de ocurrir a su alrededor, o quizás ya había ocurrido.
-Me llamo Claire, encantada de conoceros.- Decía aquella joven con un pasado totalmente misterioso mientras estaba subida en el escenario. Estaba ella sola en aquel lugar, imaginado a miles de personas a su alrededor.
Claire vivió en una casa con una buena familia que la quería, vivió sin problemas y sin pobreza. Tenía un padre, una madre y dos hermanos; su hermana mayor y su hermano menor que ella.
En su decimotercero cumpleaños le regalaron un móvil ¡Qué sorpresa! Ella siempre quiso tener uno. A los pocos días le llegó una extraña foto, una foto que le cambiaría la vida ¿Qué había en ella? Una foto donde aparentemente su padre engañaba a su madre con otra mujer. Su piel se heló, lloró, y su felicidad acabó.
Aquella fue la historia que le explico a Gorka, un joven que conoció por el mundo te internet. Él prometía estar con ella cuando estuviese mal, a Claire no le parecía un mal chico, él era el más encantador del mundo.
“Quiero suicidarme, hagámoslo juntos…” Aquel era el último mensaje que le envió Claire a Gorka, sabiendo que él le contestaría.
“Estas en una isla atrapada… ¿Cómo quieres que nos suicidemos?” Le contestó él tras otro mensaje.
“Sé que estas en esta isla… lo sé” Contestó Claire.
¿Y aquel horrible sentimiento que tenía Claire de soledad? Si, habían pasado tan solo unos días desde que recibió aquella beca. Realmente ella tenía una plaza privada, su padre pagó un dineral para que no le dijese nada a su madre y mantenerla encerrada en aquella isla, ella lo sabía y tendría que buscar un modo para escapar. Claire no tenía ningún don, solo el de actuar.
Por algún extraño motivo, ella estaba feliz de estar encerrada en aquel lugar, el escenario familia le parecía desagradable cada vez que estaba cerca de su padre.
En el comedor, mientras todos comían todo parecía normal. A ella le gustaba la pasta y era la comida de aquel día.
Aquella joven se acerco a Claire, la reconoció rápidamente, su nombre era Cycah.
-¿Me puedo sentar en tu mesa?- preguntó la recién llegada.
-Claire la miró de arriba abajo y si había algo en lo que destacaba de verdad, era que tenía una bolsa de patatas en su mano derecha agarrándola.
-Claro que puedes sentarte- contestó Claire.
-Todo este tiempo que llevamos en esta academia, siempre te he visto sola ¿Quién es tu compañera de habitación?- Cykah pareció una joven bastante atrevida en aquel momento.
-Laura…- miró a su compañera que estaba lo más alejado de ella.
-No he llegado a hablar mucho con ella… ¡Parece buena persona!- dijo Cykah elevando una leve sonrisa mientras sacaba una patata de la bolsa y se la llevaba a la boca.
-…Lo siento…- Interrumpió Claire levantándose y dejando el plato en la mesa. Salió del comedor, no tenía ningún humor para hablar con una chica en la que no confiaba.
Aquella noche decidió poner fin a todo, pero… tuvo miedo tirarse desde el tejado de la academia, tuvo mucho miedo.
Gorka le comenzó a contar sus problemas a Claire y ella la escuchó, solo leyó unas horribles palabras.
“¿Por qué no te tiras al mar? Estas en una isla ¿No? Debe haber un precipicio por allí… cerca del puerto. Yo también me suicidare esta noche”
Aquel mensaje le cambió la vida. Se levantó temprano para preparar su muerte, nadie la echaría de menos… y deseaba que su madre se enterase de lo que su padre lo hizo. Todo estaba a punto de cambiar.
Caminaba por el pasillo, con el uniforme de su antiguo colegio puesto. Pasó por al lado de Cykah, la chica con la que habló el día anterior… en ese momento también tenía agarrada una bolsa de patatas, y no estaba sola, estaba con Rubén y Nana, no había tenido la oportunidad de hablar con ellos.
-¿Vas algún sitio?- preguntó Cykah elevando una leve sonrisa.
-No…- contestó Claire alejándose de ella.
Después de salir de la residencia, se metió al bosque y por el camino comenzó a caminar para el puesto. Se perdió unas cuantas veces y consiguió llegar al atardecer, estaba vacío, no había ni guardas de seguridad ni nada… entonces lo recordó… en aquella isla solo estaban ellos, el director, una bibliotecaria y dos cocineros. Pero era extraño, se acerco al filo del puerto para tirarse y ahogarse en el mar.
Un chico salió de las sombras.
-Hola Claire, sabía que te encontraría a ti.
Ella se dio la vuelta para verle la cara, no le conocía de nada.
-¿Quién eres?
-Es un placer, mi nombre es Gorka.
-¿Gorka? ¿En serio eres Gorka?- Ella se sintió feliz al saber que él estaba en la isla, no sabía cómo… ¡Pero allí estaba la persona a la que más quería en el mundo! La persona que le animo a suicidarse… ahora, tendría a alguien más para morir.- Es… ¡Es un placer conocerte!
-¿Tenias miedo la otra noche cuando te ibas a tirar desde aquel piso?- preguntó Gorka.
-¿Perdón?...- ella se mantuvo en silencio-. Si…
-En este lugar se han suicidado muchísimas personas… ¡No te imaginas cuantas! Y tú serás una de esas personas…- Él le agarró del brazo, pero ella se resistió. Descubrió que todo era un fraude.
-¿Quién eres?- preguntó ella.
-No te interesa saber quien soy… ¡Solo juego a un juego!
Ella le golpeó, por primera vez en su vida tuvo miedo. Al intentar golpearle iba a caer al agua ¡No quería! ¡Estaba arrepentida de querer morir! Pero el la sujeto del brazo para que no cayese, solo tendría que soltarla para dejarla morir.
-Eres una cobarde… te mueres de miedo por morir ¿No ibas a morirte? Dime, contesta… ¿Por qué no contestas?- Claire tenia muchísimas ganas de llorar, de que alguien le salvase la vida, pero aquel no era su día.
El chico la levantó y la dejo en el puerto, por lo que Gorka se dio la vuelta para marcharse ya, infiltrándose por una parte en el bosque. Claire se hecho de rodillas a llorar, pero no duro mucho, se volvió a levantar solamente para tirarse por aquel lugar y ahogarse.
-Si me permites decir algo… ¡Eres una aburrida y una cobarde! Creía que ibas a ser capaz de tirarte, pero eres una cobarde. Sabía que no querías morir y lo intentaste, cobarde.- Gritó Gorka antes de desaparecer, pero lo hizo.
Claire se iba a tirar de una vez por todas. Miró hacía abajo y sintió miedo, pero solo tendría que dar un paso. Estaba más convencida que nunca… y lo iba a hacer. Iba a morir en aquel instante y nadie la echaría de menos.
-¡Espera! ¡No lo hagas!- Gritó una voz femenina, ella se dio la vuelta. La que grito era Cykah, observó como se le caía su bolsa de patatas al suelo. Había llegado corriendo.

Claire no supo como su compañera supo donde estaba, pero… debía descubrir aquel misterio que la rodeaba ¿Quién era Gorka y que hacía en la isla? Era como si hubiese estado predestinada el estar allí.

3 - Tantas cosas que contar

-¿Tienes algún trauma con el pasado?
-Tengo miedo a la sangre, solo es eso- confesó.- ¿Estoy loco?
Y él abrió los ojos, olvidó aquel viejo recuerdo que estaba en el olvido.
Aquella mirada de irritación y miedo, molestaba  a todos. Él no quería contar lo que había pasado, él no sabía lo que había pasado. Desde aquella noche, decidió dormir con su compañero de habitación: Sentoki. Él era un joven bastante testarudo y apenas le gustaba pasar tiempo con Noboru, o al menos él sentía aquello.
El tiempo pasó lentamente y él era el único chico que sabía lo que ocurrió con Natalia, ella había muerto ya que no llegó a regresar. Él la esperó en la biblioteca, pero ella no llego, después de todo, pasaron tres días desde aquel incidente. Siendo el más sincero del mundo, a Noboru le daba miedo volver a la biblioteca.
Dejo de participar en las actividades, los días solía pasarlos solo… y las noches las dormía en la cama de Sentoki.
Caminaba por los pasillos con miedo, temblando sabiendo que aquella isla ocultaba algo… quizás no fuese la isla o solo fuese aquella residencia, se sentía incomodo. En frente de él apareció aquella joven, Nana. Ella le señalaba con el dedo, parecía convencida de algo.
-¡He estado investigando y sé que Natalia no se ha ido de la isla!- dijo ella.
Detrás de Nana había dos personas: Rubén, parecía bastante normal y… Cykah, siempre tenía una bolsa de patatas en la mano, aunque en pocas ocasiones se le veía comiendo, posiblemente sería porque no le gustaban que la viesen comer.
Recordó en el momento en el que ellos tres se unieron, fue hace dos días ¿Por qué se hicieron aquellos tres amigos? No lo entendió, pero el miedo le recorrió por las venas, quizás se habían unido para descubrir el verdadero paradero de Natalia, si era así, no habían creído las palabras del director y creían que ella seguía en la isla.
-¡Yo no sé nada, no sé nada, de verdad, no sé nada!- gritó Noboru poniéndose nervioso.
-Haberlo dicho antes- dijo Nana.
-Pero si es el más sospechoso de todos…- susurró Rubén.
Noboru se encogió de hombros y observó a aquel trio, y por fin lo vio… ¡Cykah cogió una patata de la bolsa y se la comió!
Los tres compañeros desaparecieron del pasillo en un santiamén, y Noboru quiso saber en qué momento se hicieron amigos. Siguió caminando y a lo lejos se encontró con su compañero de habitación. Un dolor de estomago le recorrió y unas ganas de vomitar, sería hambre. Así que se dirigió al comedor para comer.
Al llegar al comedor se sentó en frente de Sentoki, quien le miro despiadadamente.
-¿Qué haces aquí?- preguntó él.
-Eres la única persona con la que puedo estar…- susurró Noboru.
-La chica esta, Nana, te estaba buscando ¿Lo sabías?
-Y me ha encontrado.- A Noboru no le gustaba la idea de volver a encontrarse con aquella loca chiflada, no… no le gustaba la idea.
Después de comer, salió del comedor alejándose de su compañero. Su sorpresa no fue ni más ni menos que encontrarse nuevamente con Nana, la chica que sospechaba de que él era el asesino o secuestrador de  Natalia. Y lo supo, tendría que volver al lugar en donde abandonó a su compañera, tendría que volver y asegurar de que estaba muerta. Corrió pasando por al lado de aquella chica, el corazón le comenzó a latir más que nunca.
Corrió hasta la biblioteca e hizo el mismo recorrido para encontrar la puerta que encontró Natalia y él. Se dio la vuelta y no era para más, Nana le había seguido.
-Parece que estés nervioso o algo…- dijo Nana dirigiéndose hacia la puerta.
-¡No la habrás!- dijo Noboru encogiéndose de hombros.
Pero ella no le hizo caso, caminó por aquel pasillo y Noboru fue detrás de ella. El miedo le recorría las venas al saber que volvería a encontrarse con todos aquellos animales muertos, temblaba como si fuera el final del mundo.
-Al día siguiente de que Natalia desapareciera, salí al bosque a buscarla. Encontré dos cadáveres atados a un árbol, al día siguiente fui a investigarlos y ya no estaban. Rubén también los vio-. Nana comenzó a explicar todo lo sucedido mientras los dos caminaban.- Me hice amiga de Cykah y ella me quiere ayudar a averiguar el misterio de esta isla.
-¿Y Rubén?- Noboru se sintió intrigado.
Llegaron al frente de la última puerta donde se supondría que todo acabaría para ellos dos, Nana la iba abrir.
-He metido a Rubén en este lío yo sola… no confió en él, en el Director-. Al abrir la puerta observó que no había nada, solo una habitación amueblada con varias mesas y algunos armarios. -No hay nada ¿Para qué me has traído aquí?
-Eres tú la que me ha seguido…- Noboru no recordaba que aquella habitación fuese así.
La chica se dio la vuelta y abandonó a su compañero volviendo por donde había venido. En cambio Noboru se infiltró en la habitación, se acerco al primer armario que vio y lo abrió. En la pared del armario estaba el cadáver de Natalia desnuda y con un gran agujero en la garganta, parecía haber sido violada ya muerta. Era una imagen asquerosa.
Noboru comenzó a vomitar en aquel mismo instante, cayó de rodillas mientras vomitaba y vomitaba.
Él odiaba la sangre, aquella era su debilidad. Con un leve esfuerzo se levantó para volver a caerse de nuevo.
Noboru despertó traumatizado. Estaba traumatizado con algo que había visto ¿Pero que vio? Miró a sus alrededores y estaba en su habitación, en su cama. Sentoki le observó y se acerco a él.
-¿Estás bien?- preguntó el compañero.
-Yo… yo… ¿Qué ha pasado?
-Te encontraron el bosque tirado desangrándote… eso de suicidarse es de penosos ¿Sabes?- dijo él
Noboru se miró sus brazos, tenia los dos brazos llenos de rajas… él no había hecho nada de aquello o simplemente se había vuelto loco. Él se acordaba de haber visto el cadáver de Natalia pero no recordaba cuando se había cortado.

***

-Director… el proceso está siendo demasiado lento.

-Tú sigue con tu actuación y cállate…- le regañó el director. Él siendo obediente dejo la habitación elevando una leve y tonta sonrisa.