-¿Os habéis dado cuenta del jaleo que habéis
montado? ¿Y de todos los libros que hemos perdido? Lo peor de todo, es que
habéis puesto vuestras vidas en juego ¡Vuestras vidas!- Decía el Director
furioso-. No veo justo que hagáis lo que habéis hecho, no lo veo justo ¿Por qué
no habláis? ¿Estáis arrepentidos?
-Pe… pero…- dijo Yami que estaba en frente de él,
recordando todo lo que había costado apagar el fuego. Ella había sido la que
peor lo había pasado.
-Iros…
Y los tres amigos se levantaron de las sillas y se
dirigieron a irse. Dani aun temblaba por el trauma que había ocurrido tan
solamente unas horas, Yami no podría contarlo… y Toni estaba en su mundo ¿En
qué pensaría?
-Tú no. Toni, quédate.
Toni se paró y se dio la vuelta observando el
verdadero rostro del Director, elevó una tonta sonrisa y se encogió de hombros.
No parecía para nada arrepentido de haber incendiado toda la biblioteca
Yami y Dani habían salido del despacho.
-Director… soy inocente-. Toni se sentó cómodamente
en la silla, aprovechando que estaban ellos dos solos.
-No sé quién demonios eres, pero harás mi juego más
interesante.
-¿Por qué sonríes, Director? Yo no juego… solo
actuó.
Aquel hombre dejo algo sobre la mesa, era un collar
con forma de estrella, tenía una sonrisa y unos ojos que parecían botones. Toni
no entendió el porqué dejo aquel collar allí, pero lo agarró elevando una leve
sonrisa y se lo puso.
-Director, vine aquí para asesinarte- confesó Toni.
-¿Tan malo soy?
-Te vi… pasear por la calle aquel día… supe quien
eras, me intrigaste… ¡Y aquí estoy! Quise venir a la isla para asesinarte,
porque asesinar es tan divertido-. Aquella sonrisa incomoda de Toni no le gustó
nada al Director, le hizo temblar.
Toni se levantó de la silla con su loca sonrisa y
linda mirada, salió de la habitación. Al salir se encontró a Yami y Dani. En
ese instante su compañero se le acercó, parecía furioso, y tan rápido como pudo
le golpeo con el puño cerrado en el estomago, aquello le dolió a Toni. Después
de ese puñetazo vino otro.
Yami corrió hacía Dani y le separó
-¡Para! No os peleéis…- dijo ella
-Los libros son aburridos… lo que está a punto de
comenzar, eso sí que será un gran drama ¿Verdad?- dijo Toni.
-¿De qué hablas?- susurró Dani.
Toni no respondió a aquella pregunta y pasó por su
lado, sin miedo alguno se dirigió a su habitación solamente para acostarse y
descansar, el día siguiente sería un día muy duro, más de lo que él creía, pero
si sabía.
Despertó en el miedo que inundaba la muerte,
recordaba aquel momento en el que le prometió a su hermano menor que volvería
¿Pero sería verdad aquella promesa? ¿Se cumpliría? Sabía en donde se metía
desde que entró en la isla.
Hace dos años atrás, descubrió los ojos
experimentos psicológicos y horribles de El Director y quiso desentrañar la
verdad de todo. Por eso, se intentó suicidar varias veces de distintas
formas... todo para despertar de nuevo y volverse loco, así se encontraría con
él y podría enfrentarse cara a cara contra el director.
Al día siguiente caminaba por el pasillo, su paso
era lento y a lo lejos se encontró con un peón que parecía ser el más
importante del juego del director, aunque posiblemente se equivocaba.
Toni iba mostrando el collar que le dio aquel
vejestorio el día anterior, parecía presumir de él.
Noboru se acerco violentamente al chico.
-¿Y ese collar?- dijo Noboru.
-¿Disculpa?- Toni parecía estar confundido, aunque
para nada lo estaba.
-Ese collar pertenecía a Natalia...
-Perdón… no se dé que hablas…- Toni parecía estar
sorprendido al llegar a descubrir el origen del collar, pero su juego aumentaba
la diversión por minuto.
-Tú la asesinaste… ¡Fuiste tú!- Gritó Noboru.
Yami observó la escena desde lejos y se acerco
agarrando a Toni, se lo llevó sin dejar que hiciera nada. Lo llevó debajo de
las escaleras, donde se podían mirar fijamente.
-Yami… me
han acusado de asesinato, yo no sería capaz de tal cosa… lo sabes… ¿Verdad?-
susurró Toni.
-Ayer incendiaste una biblioteca… estás loco… ¿Qué
diablos haces aquí?- le dijo ella furiosa.
-Antes de que yo te conteste, dime qué diablos haces
tú aquí. No sabes donde estas metida.
Toni se apartó rápidamente, era hora de continuar
su plan y hacer su segunda locura. La guerra ya había comenzado y nadie sabía
de ella.
Al pasar la tarde leyó aquel libro titulado “María”
que se había leído mil veces y nunca se había cansado de él.
“Llega tarde
a casa con la bruma en el mar, llega con la rabia enroscada, entra muy despacio
para no despertar, el sueño más bonito que hay. Sale de la niebla, un bostezo
al lunar, descalza y despeinada. Corre, corre hasta sus brazos como nadie lo
hará jamás. Y María le dice que sí, dice sonrojada que sí. Y él contesta que
todo irá bien, que las flores volverán a crecer donde ahora lloramos.
[…]
Y el
invierno llegó y él se fue, y cuentan que María sin él no se mira en los
charcos. Cada 13 de Marzo a las diez, ella espera verle otra vez pero él se ha
marchado. “
Y Toni cerró el libro y observó por la ventana, era
la hora.
Tan rápido como pudo salió del edificio, al frente
le esperaba aquel chico rubio con el que tanto se llevaba bien y muy pocos
sabían, Satoru.
-¿Has hecho lo que te he dicho?- dijo Toni.
-Sí… pero… ¿De verdad no habrá muertos?- dijo el
rubio temblando.
-De verdad. Ahora dame la caja.
Y Satoru le dio una caja de cerillas, y Toni tan
rápido como pudo encendió una cerrilla. Observó al suelo, como un liquido casi
tocaba sus pies, dio tres pasos hacia atrás y hecho la cerilla al liquido. Y de
repente, en cuestión de segundos el edificio comenzó a arder, era terrible todo
aquello.
Toni se dio la vuelta y comenzó a andar para
infiltrarse en el bosque. El verdadero juego no era del Director, si no el
suyo. Satoru le siguió.
-¿Cómo van a vivir a este incendio?- preguntó
Satoru.
-No lo sé… pero vivirán…- Toni elevó una leve
sonrisa y se dio cuenta de que ya estaba infiltrado en el bosque.
Al mirar hacia atrás observó el gran incendio que
él había provocado. Tenía aquel libro que tanto quería en las manos, y el
collar de Natalia puesto.
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