lunes, 30 de diciembre de 2013

9 - María

-¿Os habéis dado cuenta del jaleo que habéis montado? ¿Y de todos los libros que hemos perdido? Lo peor de todo, es que habéis puesto vuestras vidas en juego ¡Vuestras vidas!- Decía el Director furioso-. No veo justo que hagáis lo que habéis hecho, no lo veo justo ¿Por qué no habláis? ¿Estáis arrepentidos?
-Pe… pero…- dijo Yami que estaba en frente de él, recordando todo lo que había costado apagar el fuego. Ella había sido la que peor lo había pasado.
-Iros…
Y los tres amigos se levantaron de las sillas y se dirigieron a irse. Dani aun temblaba por el trauma que había ocurrido tan solamente unas horas, Yami no podría contarlo… y Toni estaba en su mundo ¿En qué pensaría?
-Tú no. Toni, quédate.
Toni se paró y se dio la vuelta observando el verdadero rostro del Director, elevó una tonta sonrisa y se encogió de hombros. No parecía para nada arrepentido de haber incendiado toda la biblioteca
Yami y Dani habían salido del despacho.
-Director… soy inocente-. Toni se sentó cómodamente en la silla, aprovechando que estaban ellos dos solos.
-No sé quién demonios eres, pero harás mi juego más interesante.
-¿Por qué sonríes, Director? Yo no juego… solo actuó.
Aquel hombre dejo algo sobre la mesa, era un collar con forma de estrella, tenía una sonrisa y unos ojos que parecían botones. Toni no entendió el porqué dejo aquel collar allí, pero lo agarró elevando una leve sonrisa y se lo puso.
-Director, vine aquí para asesinarte- confesó Toni.
-¿Tan malo soy?
-Te vi… pasear por la calle aquel día… supe quien eras, me intrigaste… ¡Y aquí estoy! Quise venir a la isla para asesinarte, porque asesinar es tan divertido-. Aquella sonrisa incomoda de Toni no le gustó nada al Director, le hizo temblar.
Toni se levantó de la silla con su loca sonrisa y linda mirada, salió de la habitación. Al salir se encontró a Yami y Dani. En ese instante su compañero se le acercó, parecía furioso, y tan rápido como pudo le golpeo con el puño cerrado en el estomago, aquello le dolió a Toni. Después de ese puñetazo vino otro.
Yami corrió hacía Dani y le separó
-¡Para! No os peleéis…- dijo ella
-Los libros son aburridos… lo que está a punto de comenzar, eso sí que será un gran drama ¿Verdad?- dijo Toni.
-¿De qué hablas?- susurró Dani.
Toni no respondió a aquella pregunta y pasó por su lado, sin miedo alguno se dirigió a su habitación solamente para acostarse y descansar, el día siguiente sería un día muy duro, más de lo que él creía, pero si sabía.
Despertó en el miedo que inundaba la muerte, recordaba aquel momento en el que le prometió a su hermano menor que volvería ¿Pero sería verdad aquella promesa? ¿Se cumpliría? Sabía en donde se metía desde que entró en la isla.
Hace dos años atrás, descubrió los ojos experimentos psicológicos y horribles de El Director y quiso desentrañar la verdad de todo. Por eso, se intentó suicidar varias veces de distintas formas... todo para despertar de nuevo y volverse loco, así se encontraría con él y podría enfrentarse cara a cara contra el director.
Al día siguiente caminaba por el pasillo, su paso era lento y a lo lejos se encontró con un peón que parecía ser el más importante del juego del director, aunque posiblemente se equivocaba.
Toni iba mostrando el collar que le dio aquel vejestorio el día anterior, parecía presumir de él.
Noboru se acerco violentamente al chico.
-¿Y ese collar?- dijo Noboru.
-¿Disculpa?- Toni parecía estar confundido, aunque para nada lo estaba.
-Ese collar pertenecía a Natalia...
-Perdón… no se dé que hablas…- Toni parecía estar sorprendido al llegar a descubrir el origen del collar, pero su juego aumentaba la diversión por minuto.
-Tú la asesinaste… ¡Fuiste tú!- Gritó Noboru.
Yami observó la escena desde lejos y se acerco agarrando a Toni, se lo llevó sin dejar que hiciera nada. Lo llevó debajo de las escaleras, donde se podían mirar fijamente.
-Yami…  me han acusado de asesinato, yo no sería capaz de tal cosa… lo sabes… ¿Verdad?- susurró Toni.
-Ayer incendiaste una biblioteca… estás loco… ¿Qué diablos haces aquí?- le dijo ella furiosa.
-Antes de que yo te conteste, dime qué diablos haces tú aquí. No sabes donde estas metida.
Toni se apartó rápidamente, era hora de continuar su plan y hacer su segunda locura. La guerra ya había comenzado y nadie sabía de ella.
Al pasar la tarde leyó aquel libro titulado “María” que se había leído mil veces y nunca se había cansado de él.

“Llega tarde a casa con la bruma en el mar, llega con la rabia enroscada, entra muy despacio para no despertar, el sueño más bonito que hay. Sale de la niebla, un bostezo al lunar, descalza y despeinada. Corre, corre hasta sus brazos como nadie lo hará jamás. Y María le dice que sí, dice sonrojada que sí. Y él contesta que todo irá bien, que las flores volverán a crecer donde ahora lloramos.
[…]
Y el invierno llegó y él se fue, y cuentan que María sin él no se mira en los charcos. Cada 13 de Marzo a las diez, ella espera verle otra vez pero él se ha marchado. “

Y Toni cerró el libro y observó por la ventana, era la hora.
Tan rápido como pudo salió del edificio, al frente le esperaba aquel chico rubio con el que tanto se llevaba bien y muy pocos sabían, Satoru.
-¿Has hecho lo que te he dicho?- dijo Toni.
-Sí… pero… ¿De verdad no habrá muertos?- dijo el rubio temblando.
-De verdad. Ahora dame la caja.
Y Satoru le dio una caja de cerillas, y Toni tan rápido como pudo encendió una cerrilla. Observó al suelo, como un liquido casi tocaba sus pies, dio tres pasos hacia atrás y hecho la cerilla al liquido. Y de repente, en cuestión de segundos el edificio comenzó a arder, era terrible todo aquello.
Toni se dio la vuelta y comenzó a andar para infiltrarse en el bosque. El verdadero juego no era del Director, si no el suyo. Satoru le siguió.
-¿Cómo van a vivir a este incendio?- preguntó Satoru.
-No lo sé… pero vivirán…- Toni elevó una leve sonrisa y se dio cuenta de que ya estaba infiltrado en el bosque.

Al mirar hacia atrás observó el gran incendio que él había provocado. Tenía aquel libro que tanto quería en las manos, y el collar de Natalia puesto. 

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