jueves, 26 de diciembre de 2013

5 - Dulce locura

A Elena no le gustaba la comida de aquel día y se quejo al cocinero, se negaba a comer aquel extraño gazpacho verde… aunque sus compañeros lo comían, ella se negaba. Ella era una chica muy refinada con las comidas, o no solo con eso… también con su estilo de ropa. Recordaba que antes de estar en aquella isla, era la más popular de su instituto, la más popular de su barrio… ella era la más querida.
-Quiero un trato diferente…- susurró Elena al cocinero.
-Comerás lo mismo que todos- dijo aquel hombre.
Ella se acerco sigilosamente a él y agarró su mano lentamente, la dirigió hacía su pecho. El cocinero de ruborizo al notar aquella dulce y blanca textura, pero rápidamente apartó la mano de su pecho.
-Venga… sé que quieres. Estas encerrado en esta isla con solo nosotros ¿No es aburrido el no tener alguien con quien follar?- dijo ella sacando la lengua.
-No seas malhablada- se quejo aquel hombre.
Los dos se miraron y de repente él le beso empotrándola con la pared, ella le negó el beso a ser empotrada y le quito las manos de sus pechos y elevó una tonta sonrisa. Pero a él no le pareció tan divertido
-Eres un maldito salido… no dejaré que me folle un cocinero asqueroso como tú-. Elena salió de la cocina y observó como todos comían con asqueo.  Nunca había visto tanta repugnancia en una habitación.
Ella sabía que todos los chicos se morían a sus pies, y le gustaba, aunque había alguien que aun no se había acercado a ella y saludado… Noboru. 
Aquel joven comía tranquilamente con su compañero de habitación, y también posiblemente mejor amigo, Sentoki. Ella se acercó elevando una leve sonrisa a la mesa donde aquellos dos comían aquella asquerosa comida. A Sentoki se le caía la baba por ella, pero su compañero tenía otras cosas más importantes que pensar.
-Hola… ¿Me puedo sentar con vosotros?
-S…si… ¡Claro que puedes, Elena!- Sentoki parecía el más feliz del mundo.
Ella se sentó al lado de en frente de Noboru mientras le miraba con una leve sonrisa, se preguntaba si le podría gustar.
-Eres bastante misterioso… ¿Cómo te llamabas? ¿Noboru? Creo que te llamaré Nobu ¿Te gusta?- Elena fue demasiado precipitada y apenas le dejo hablar a ninguno de los dos chicos.
El joven no contesto y bajo la mirada como bajo los hombros, parecía tener miedo de ella, pero no era así… ella para él era indiferente y lo notaba, lo sabía y lo odiaba, eso lo hacía más intrigante y adorable.
Elena siempre conseguía lo que quería, aquello no iba a ser una excepción.
Pasaron la tarde juntos, los tres juntos… aunque Noboru desapareció por arte de magia. Sentoki escuchó todas las historias de Elena una y otra vez, parecía embobado. Ella no aguantaba estar sin el amor de su vida, si es que se podía llamar así. Se levantó del banco donde está sentada y miró a su amigo.
-Espérate… voy a por algo de beber-. Elena corrió hacía dentro del edificio y se dirigió a la habitación de Sentoki y Noboru. Sin tocar ni nada abrió la puerta: allí dentro estaba Noboru sentado en la silla del escritorio, mirando a la cara fijamente a su compañera. El joven se había quitado la camiseta y los pantalones, prácticamente estaba semidesnudo, solo tenía unos calcetines blancos y unos bóxer puestos.
Noboru se levantó de la silla sorprendido al verla ¡Era de mala educación entrar a una habitación sin tocar!
-Te estaba buscando… ¿Por qué has desaparecido?- preguntó Elena que se ruborizo rápidamente al verle.
-¡No debes entrar en las habitaciones de otros sin permiso, Elena!- Le grito Noboru.
-Nobu… no era mi intención… -Ella se acerco a él.
-Aléjate… ¿Qué te pasa conmigo?- dijo el chico.
-Yo…
-¡Tú fuiste quien asesino a Natalia y quien me hizo los cortes cuando me desmaye! ¡Fuiste tú!- Gritó Noboru abriendo los ojos lo más que podía, parecía tener miedo, tanto que incluso temblaba.- ¡Por eso estas interesada en mi!
-¿Qué?- Elena estaba demasiado confundida.
Él la golpeo con todas sus fuerzas, a lo que ella bajo la cabeza, le miró a la cara y salió corriendo de la habitación, y corrió lo más que pudo. Paso por al lado del banco donde estaba Sentoki, y siguió corriendo mientras una lagrima por su rostro paso. No entendía lo que acababa de decir ¿Acaso Natalia estaba muerta? ¡No era posible! Tendría que haber escuchado mal…
-¿Qué te pasa?- dijo Sentoki que corrió hasta alcanzarla. Sin darse cuenta se habían infiltrado en el bosque.
-Yo…- Elena se ruborizo mientras una lagrima caía por su mejilla, se había dado cuenta de sus errores… ella intentó desde el principio ser perfecta, ella creía que era perfecta porque tuvo una vida que nunca antes nadie tuvo. Pero no era nadie inútil.
Aquel chico le beso con todas sus ganas empotrándola como el árbol, como horas antes el cocinero la había empotrado a ella contra la pared. Pero su beso le gustaba, era distinto a los de los demás chicos ¿Por qué se sentía distinta?
Elena agarró la muñeca de Sentoki y la dirigió hacía sus blancos y precisos pechos, era cierto que se había excitado antes de tiempo. Soltó un gemido que destaco entre aquel silencio en el bosque, un sonido que cobró vida en el interior de Sentoki, un gemido que volvería loco a cualquier hombre. Sus pechos se volvieron inesperadamente duros.
Era la primera vez que ella probó unos labios tan suaves como los de él, tuvo miedo de dañarlos, pero posiblemente aquel chico disfrutaba más de la situación que ella. Rápidamente el joven comenzó a coger la iniciativa y la chica se comenzó a sentir violada, aunque no era un sentimiento que no le gustase. Se metían la lengua entre los labios, Elena intento separarse de él, pero el chico no le dejaba. Su lengua comenzaba a introducirse más mientras el chico la desnudaba violentamente. Él solo se desabrocho la bragueta de sus pantalones dejando salir su miembro, la chica rápidamente fue penetrada una y otra vez.
¡Ploff!
Sentoki cayó al suelo siendo inconsciente, le habían reventado una botella en la cabeza. Elena quiso dar un paso hacia atrás, pero el árbol en donde estaba empotrada no le permitía hacerlo. Era el cocinero.
-A él te lo follas y a mí no… ¡Serás zorra!
Elena bajo la mirada y observó su mano derecha, tenía un cuchillo de cocina. Levantó el brazo y intento rajarla ¡El cocinero la había vuelto loco! Elena esquivo el tajo que le hizo y rápidamente le cogió del brazo cayendo los dos al suelo accidentalmente. El cocinero intentaba clavarle el cuchillo una y otra vez hasta acabar él abajo y ella encima.
La joven no se rendiría, le pegó un golpe al cocinero haciendo que soltarse el arma, y después de esa puñada una tras otra, por lo que ella lo agarró rápidamente el cuchillo y se puso encima de él aprovechando aquella oportunidad.
Lo comenzó a clavar y a sacar por todo su cuerpo, con muchísimo miedo… ¡Era lo que el cocinero había intentado que ella hiciese! Sangre de él comenzó a salir como si fuera un aspersor de agua. El hombre ya estaba muerto y no había necesidad de intentar clavarle más el cuchillo, sangraba por varias zonas de su cuerpo y ella estaba manchada de la sangre del hombre al que asesino.
Sentoki se levantó del suelo algo mareado y observó la escena… se imaginó lo que había pasado. Ella lloraba desconsoladamente, pero él la abrazó sin miedo alguno.
-He asesinado a una persona…- dijo Elena tras lágrimas.
-Saldremos juntos de esta, tranquila- confesó Sentoki.- Estamos en un bosque, cavaremos un hoyo y enterraremos el cadáver… ¡Y volveremos a nuestras habitaciones como si nada hubiera pasado!
De repente ella sintió que solo podía confiar en él.

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