A Elena no le gustaba la comida de aquel día y se
quejo al cocinero, se negaba a comer aquel extraño gazpacho verde… aunque sus
compañeros lo comían, ella se negaba. Ella era una chica muy refinada con las
comidas, o no solo con eso… también con su estilo de ropa. Recordaba que antes
de estar en aquella isla, era la más popular de su instituto, la más popular de
su barrio… ella era la más querida.
-Quiero un trato diferente…- susurró Elena al
cocinero.
-Comerás lo mismo que todos- dijo aquel hombre.
Ella se acerco sigilosamente a él y agarró su mano
lentamente, la dirigió hacía su pecho. El cocinero de ruborizo al notar aquella
dulce y blanca textura, pero rápidamente apartó la mano de su pecho.
-Venga… sé que quieres. Estas encerrado en esta
isla con solo nosotros ¿No es aburrido el no tener alguien con quien follar?-
dijo ella sacando la lengua.
-No seas malhablada- se quejo aquel hombre.
Los dos se miraron y de repente él le beso empotrándola
con la pared, ella le negó el beso a ser empotrada y le quito las manos de sus
pechos y elevó una tonta sonrisa. Pero a él no le pareció tan divertido
-Eres un maldito salido… no dejaré que me folle un
cocinero asqueroso como tú-. Elena salió de la cocina y observó como todos comían
con asqueo. Nunca había visto tanta
repugnancia en una habitación.
Ella sabía que todos los chicos se morían a sus
pies, y le gustaba, aunque había alguien que aun no se había acercado a ella y
saludado… Noboru.
Aquel joven comía tranquilamente con su compañero
de habitación, y también posiblemente mejor amigo, Sentoki. Ella se acercó
elevando una leve sonrisa a la mesa donde aquellos dos comían aquella asquerosa
comida. A Sentoki se le caía la baba por ella, pero su compañero tenía otras
cosas más importantes que pensar.
-Hola… ¿Me puedo sentar con vosotros?
-S…si… ¡Claro que puedes, Elena!- Sentoki parecía
el más feliz del mundo.
Ella se sentó al lado de en frente de Noboru
mientras le miraba con una leve sonrisa, se preguntaba si le podría gustar.
-Eres bastante misterioso… ¿Cómo te llamabas?
¿Noboru? Creo que te llamaré Nobu ¿Te gusta?- Elena fue demasiado precipitada y
apenas le dejo hablar a ninguno de los dos chicos.
El joven no contesto y bajo la mirada como bajo los
hombros, parecía tener miedo de ella, pero no era así… ella para él era
indiferente y lo notaba, lo sabía y lo odiaba, eso lo hacía más intrigante y
adorable.
Elena siempre conseguía lo que quería, aquello no
iba a ser una excepción.
Pasaron la tarde juntos, los tres juntos… aunque
Noboru desapareció por arte de magia. Sentoki escuchó todas las historias de
Elena una y otra vez, parecía embobado. Ella no aguantaba estar sin el amor de
su vida, si es que se podía llamar así. Se levantó del banco donde está sentada
y miró a su amigo.
-Espérate… voy a por algo de beber-. Elena corrió
hacía dentro del edificio y se dirigió a la habitación de Sentoki y Noboru. Sin
tocar ni nada abrió la puerta: allí dentro estaba Noboru sentado en la silla
del escritorio, mirando a la cara fijamente a su compañera. El joven se había
quitado la camiseta y los pantalones, prácticamente estaba semidesnudo, solo tenía
unos calcetines blancos y unos bóxer puestos.
Noboru se levantó de la silla sorprendido al verla
¡Era de mala educación entrar a una habitación sin tocar!
-Te estaba buscando… ¿Por qué has desaparecido?-
preguntó Elena que se ruborizo rápidamente al verle.
-¡No debes entrar en las habitaciones de otros sin
permiso, Elena!- Le grito Noboru.
-Nobu… no era mi intención… -Ella se acerco a él.
-Aléjate… ¿Qué te pasa conmigo?- dijo el chico.
-Yo…
-¡Tú fuiste quien asesino a Natalia y quien me hizo
los cortes cuando me desmaye! ¡Fuiste tú!- Gritó Noboru abriendo los ojos lo
más que podía, parecía tener miedo, tanto que incluso temblaba.- ¡Por eso estas
interesada en mi!
-¿Qué?- Elena estaba demasiado confundida.
Él la golpeo con todas sus fuerzas, a lo que ella
bajo la cabeza, le miró a la cara y salió corriendo de la habitación, y corrió
lo más que pudo. Paso por al lado del banco donde estaba Sentoki, y siguió
corriendo mientras una lagrima por su rostro paso. No entendía lo que acababa
de decir ¿Acaso Natalia estaba muerta? ¡No era posible! Tendría que haber
escuchado mal…
-¿Qué te pasa?- dijo Sentoki que corrió hasta
alcanzarla. Sin darse cuenta se habían infiltrado en el bosque.
-Yo…- Elena se ruborizo mientras una lagrima caía
por su mejilla, se había dado cuenta de sus errores… ella intentó desde el
principio ser perfecta, ella creía que era perfecta porque tuvo una vida que
nunca antes nadie tuvo. Pero no era nadie inútil.
Aquel chico le beso con todas sus ganas empotrándola
como el árbol, como horas antes el cocinero la había empotrado a ella contra la
pared. Pero su beso le gustaba, era distinto a los de los demás chicos ¿Por qué
se sentía distinta?
Elena agarró la muñeca de Sentoki y la dirigió
hacía sus blancos y precisos pechos, era cierto que se había excitado antes de
tiempo. Soltó un gemido que destaco entre aquel silencio en el bosque, un
sonido que cobró vida en el interior de Sentoki, un gemido que volvería loco a cualquier
hombre. Sus pechos se volvieron inesperadamente duros.
Era la primera vez que ella probó unos labios tan
suaves como los de él, tuvo miedo de dañarlos, pero posiblemente aquel chico
disfrutaba más de la situación que ella. Rápidamente el joven comenzó a coger
la iniciativa y la chica se comenzó a sentir violada, aunque no era un
sentimiento que no le gustase. Se metían la lengua entre los labios, Elena
intento separarse de él, pero el chico no le dejaba. Su lengua comenzaba a
introducirse más mientras el chico la desnudaba violentamente. Él solo se
desabrocho la bragueta de sus pantalones dejando salir su miembro, la chica rápidamente
fue penetrada una y otra vez.
¡Ploff!
Sentoki cayó al suelo siendo inconsciente, le
habían reventado una botella en la cabeza. Elena quiso dar un paso hacia atrás,
pero el árbol en donde estaba empotrada no le permitía hacerlo. Era el
cocinero.
-A él te lo follas y a mí no… ¡Serás zorra!
Elena bajo la mirada y observó su mano derecha, tenía
un cuchillo de cocina. Levantó el brazo y intento rajarla ¡El cocinero la había
vuelto loco! Elena esquivo el tajo que le hizo y rápidamente le cogió del brazo
cayendo los dos al suelo accidentalmente. El cocinero intentaba clavarle el
cuchillo una y otra vez hasta acabar él abajo y ella encima.
La joven no se rendiría, le pegó un golpe al
cocinero haciendo que soltarse el arma, y después de esa puñada una tras otra,
por lo que ella lo agarró rápidamente el cuchillo y se puso encima de él aprovechando
aquella oportunidad.
Lo comenzó a clavar y a sacar por todo su cuerpo,
con muchísimo miedo… ¡Era lo que el cocinero había intentado que ella hiciese!
Sangre de él comenzó a salir como si fuera un aspersor de agua. El hombre ya
estaba muerto y no había necesidad de intentar clavarle más el cuchillo,
sangraba por varias zonas de su cuerpo y ella estaba manchada de la sangre del
hombre al que asesino.
Sentoki se levantó del suelo algo mareado y observó
la escena… se imaginó lo que había pasado. Ella lloraba desconsoladamente, pero
él la abrazó sin miedo alguno.
-He asesinado a una persona…- dijo Elena tras lágrimas.
-Saldremos juntos de esta, tranquila- confesó
Sentoki.- Estamos en un bosque, cavaremos un hoyo y enterraremos el cadáver… ¡Y
volveremos a nuestras habitaciones como si nada hubiera pasado!
De repente ella sintió que solo podía confiar en
él.
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