-Solo a dieciséis personas se os ha concedido una beca por vuestros buenos
estudios o grandes talentos para pasar el verano en esta gran isla. No olvidéis
que estáis aquí para aprender cosas nuevas y pasarlo bien-. Decía el director
del instituto de enseñanza y educación privada. Su nombre era desconocido para
todos, él era el Director.
Todos estaban en filas indias de tres, Natalia
estaba en la del medio, era la última de la fila. Se fijo en las caras de todos
los chicos que habían sido escogidos para estudiar allí, en cambio, ella… ella
tuvo que pagar muchísimo dinero para ser acogida en ese instituto aquel verano.
No sería divertido estar metida en una isla, pero tendría que soportarlo.
Se iba fijando en cada uno de aquellos alumnos,
parecían todos muy distintos. Fueron llamados cada uno por sus nombres e iban
abandonado la sala cada vez que le llamaban, la primera chica de la lista de
los estudiantes era Blanca, una joven de dieciséis o quince años, vestía con un
uniforme de algún colegio de monjas y parecía bastante refinada.
La siguiente chica que fue nombrada era Claire, y
en lo que más deslumbraba era en su fantástica sonrisa. Parecía una joven de
catorce años amante del teatro, aunque aquel dato era nulo para Natalia.
Cykah era la tercera en ser llamada e irse de la
habitación, vestía con un vestido de lolita. Y después de ella, seguidamente el
primer chico en ser llamado era un joven de diecisiete o dieciocho años llamado
Daniel, Dani para los amigos.
Las filas iban desapareciendo lentamente mientras
los chicos eran llamados y dejaban la sala, luego fue David, y después de David
era Elena, una chica bastante atractiva. Después Laura y Marta.
Nana era la novena, una chica con un aspecto algo
llamativo, con una media de distinto color y una minifalda. Una camisa rota con
cortes hechos con tijeras, o al menos eso parecían. Y una cola de caballo. Y después de ella, la siguiente en dejar la
habitación era Natalia.
Cuando Natalia salió del gimnasio que era donde se
hizo la ceremonia de acceso, miró su tarjeta de estudiante que le dieron al
salir al puerto. Después se dirigió a su
habitación que compartía con Marta y Nana.
Al entrar se sorprendió; el cuarto estaba decorado
con una cama y una litera. Al parecer Marta y Nana ya habían escogido la cama
en donde dormir, por supuesto a Natalia le tocó la litera de arriba.
-Encantada-. Dijo la tímida chica ocultando sus dos
manos en su espalda.
-¿Eres Natalia?- Preguntó Marta. - ¿Por qué te
dieron esta beca?
No quería contestar a aquella pregunta.
-No… no lo sé.
-¡No digas tonterías!- dijo Marta mirándola a los
ojos.- A mi me cogieron en esta academia por mis grandes notas ¡A Nana por su don
por el dibujo! A todos nos meten aquí por algo…
-Yo pague mi beca… -confesó Natalia.
-¿En serio?- preguntó Nana sorprendida.
-¿Pagaste tu beca por estar en una isla metida?
¿Estás loca?- Preguntó Marta.
Natalia no sabía que pensar sobre aquel tema,
tampoco sabía el porqué había pagado la beca para estar allí… era como si le
hubieran lavado el cerebro, a ella o a sus padres que eran los que insistieron
en meterla en el horrible internado en el que estaba ahora.
Y pasó una semana. Les dio tiempo a conocer por
encima a todos los alumnos de aquel internado, y también en practicar en
diversas actividades.
Noboru era un chico de pelo largo, aunque parecía
un matón de pueblo era un joven bastante listo y amable. Lo más extraño de él,
era su nombre, él afirmo que no se llamaba así, pero realmente no sabía cuál
era su verdadero nombre. Aun así, aquel chico era con el que mejor se llevaba.
También se llevaba bastante bien con sus compañeras
de habitación. Nana tenía muchas anécdotas que contar y se las contó a sus
compañeras, aunque ella era distinta… solía meterse con Marta tanto con Natalia
solo para reírse y pasar un buen rato, aun así, era una buena persona.
El lugar favorito de Natalia era la biblioteca
¡Estaba llena de libros! Y normalmente estaba vacía, acompañada solo por una
bibliotecaria. Solía ir allí todos los días con Noboru, aunque a él no le
gustase aquel ambiente tan tranquilo.
-¿Te has leído algún libro alguna vez?- preguntó
Natalia.
Noboru se encogió de hombros.
-Sí…- susurró él.
-¿Cómo se llamaba?- Decía ella mientras miraba por
las estanterías toda las variedades de libros que había, pero ninguno le
llamaba la atención.
-Bueeno… su nombre era Divina de la Muerte.
Natalia comenzó a reírse.
-¿En serio?- dijo ella mientras se reía y se
preguntaba sobre que iria aquel extraño libro que menciono, sin duda alguna no
le gustaría leerlo.
-¡Oye, que a mí me gustaba ese libro!- se quejo
Noboru.
Y ella cogió otro pasillo buscando libros, Noboru
le siguió. Era extraño, descubrieron una puerta que nunca antes habían visto.
Natalia con toda su curiosidad, la abrió, al chico no le dio tiempo a
reaccionar y siguió a su compañera.
El pasillo era oscuro ¿Pero hacía donde llevaría?
No les invadió el miedo, pero si la casualidad.
Caminaron durante quince minutos hasta que ella
encontró otra puerta.
-Creo que no deberías entrar- dijo Noboru
encogiéndose de hombros.
-¿Por qué?- preguntó Natalia mientras abría la
puerta lentamente.
-Tengo una mala sensación, será mejor que no…
Y ella entró.
Era una habitación extraña. Natalia no presenciaba
lo que veía con sus ojos: había miles de fotos de los dieciséis estudiantes.
Animales muertos por el suelo y nada más. Era asqueroso y desprendía un olor
horrible, pero en el instante que comenzó a sentir miedo. Aun así, investigó la
habitación lentamente, pero se dio la vuelta para irse de aquel macabro lugar.
Iba a comenzar a correr y salir de la habitación
cuando observó que Noboru desapareció del pasillo, posiblemente le habría
abandonado y le daba igual. Saldría corriendo y le contaría lo que vio. Cuando
lo hizo, fue el mayor error de su vida, se tropezó con un cadáver de un gato
que había en medio y un gran palo que antes no había visto. Se había perdido en
aquella pequeña habitación y no sabía dónde estaba exactamente. Al caer, se
clavo aquel afilado palo en la garganta. Sintió dolor, se movía intentando
escapar e intentaba gritar mientras sangraba, pero no podía hacerlo.
Un gran charco de sangre se montó a su alrededor ¿Ya
estaba muerta?
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