viernes, 27 de diciembre de 2013

6 - Cuando era imposible recordar

-¿Qué futuro tienes planeado para cuando salgas de la isla? ¿Piensas trabajar o seguir estudiando?- le preguntó el Director.
-No me puedo permitir pagarme unos estudios…-. Rubén se encogió de hombros.- Simplemente, buscaré un trabajo. No me queda otra.
El chico había sido llamado al despacho del Director para ser entrevistado, y así fue. Después de él fueron llamados uno por uno, posiblemente a todos le harían las mimas preguntas… unas preguntas normales y corrientes, o quizás no y tenían alguna trampa. Aquello era algo que no le incumbía a Rubén.
Al salir del despacho al lado del siguiente chico que fue llamado, un joven rubio llamado Satoru. Nadie sabía nada de él, era sociable y divertido… pero su pasado era un misterio ¿Tenia familia? A Rubén no le importaba aquellos datos.
Pensó en las quince plazas que estaban ocupadas por distintas personas, cada una de ellas tendría una historia… y no quería ser cotilla, pero a él le hubiese gustado poder saber más y más sobre esas personas.
Al poco rato caminaba al lado de Nana por aquel luminoso pasillo, fue como si perdió la conciencia… pero estaba muy dentro de sí mismo y apenas sabia salir.
-¿Me estas escuchando?- preguntó Nana, parecía enfadada-. ¡No me has estado escuchando para nada! ¿Y tú te llamas hombre?
Rubén se encogió de hombros y volvió a la normalidad, al mundo real.
-Perdona… ¿Qué decías? Estaba pensando… en algo…
-Pues haberlo dicho antes, idiota.
-¿El qué?
-Que estabas pensando en algo, eres idiota.
-Ya me has llamado idiota una vez…
-Pues te lo llamo otra vez, idiota.
Rubén se miró al final del pasillo y observó cómo Satoru se alejaba aun más ¿Desde cuándo él estaba allí? ¿Tan desconectado del mundo real estuvo aquel día para no enterarse de quien pasaba a su lado? No podía ser posible.
-Oye… ¿Sigues en Rubénlandia?- preguntó Nana.
-No ¿Qué pasa?- Y en ese momento él se dio cuenta de la mirada de Nana, tenía algo planeado.- Quiero… infiltrarme en el despacho del Director esta noche y tú me ayudaras.
-¡N…no! ¿Cómo plenas hacer eso?
-¡Te veo luego en el salón de la televisión!- Nana se fue corriendo ¿A dónde iría?
Rubén se quedo solo en aquel pasillo.
Pasaron solo unas horas y a Rubén solo se le ocurrió pasear por el jardín. Todos los días eran igual de aburridos aunque Nana siempre le metía en algún lío, pero eso no implicaba que a él no le gustase aquello. Y se volvió a encontrar con el chico rubio.
-¡Hola!- le saludó el rubio- ¿Hoy no estás con tu amiga? Esto… como se llamaba ¡Ah sí, Nana!
Rubén desconfiaba de él.
-Últimamente están pasando cosas muy extrañas…-susurró Rubén, Satoru parecía no haberle escuchado bien.
-¿Has dicho algo?
-No… no he dicho nada.
Aquel encuentro fue extraño, aquel chico era extraño… un misterio le rodeaba y él pensaba averiguar la verdad si o si… en realidad prefería quedarse quieto y no hacer nada, era la mejor opción. Pero tenía el deber de hacer algo y descubrir la verdad.
Llego la noche y Rubén había llegado al comedor, donde habían quedado. No solo estaba Rubén, si no también estaba Cykah y su amiga Claire ¿Qué pintaba ella en todo esto? No entendía nada.
Estaban en fila como si fueran un escuadrón de soldados y Nana fuera el sargento.
-Si esta misión sale bien, Cykah, podrás tener todas las bolsas de patatas que quieras- Dijo Nana, ahora más bien conocida como Nana la Sargento en la mente de Rubén, pero sería mejor callarse aquel gracioso pensamiento.
-¿De verdad?- Cykah parecía emocionada al escuchar las palabras de su compañera.
-Claire… por tu parte, descubriremos quien es realmente Gorka y que trama el Director.
-¿Por qué piensas que detrás de todo esto está el Director?- dijo Rubén encogiéndose de hombros.
-El nos trajo aquí, nos dio las becas para una mejor educación… no creo que Natalia se haya ido de la isla, debe seguir por aquí y no confió en él ¡No confió!- Nana parecía que iba a perder la cabeza por descubrir la verdad, por una vez aquel chico, Rubén, sintió miedo de ella.
Recordó los cadáveres que encontraron en el bosque ¿Qué hacían allí? Tantas preguntas sin sentido… hasta que él recordó. El pelo rubio de Satoru era idéntico al de su hermano que murió hace cinco años… ¿Cómo pudo olvidar aquello? ¡Espera! Él no tuvo hermanos… miles de dudas por su mente pasaron una y otra vez, enredándose sin sentido ninguno, él siempre había sido hijo de una familia con grandes dotes… pero no tuvo ningún hermano y menos de cabello rubio.
-¿Estás bien?- preguntó Nana a la chica
Después de todo, los cuatro compañeros llegaron al despacho del Director, abrieron sin más y se pusieron a buscar cada uno en una estantería. Aunque el despacho fuese pequeño, tenía cuatro estanterías y una mesa. Rubén seguidamente se puso a buscar por los cajones que había, ninguno cerrado con llave y en todos ellos había papeles y más papeles. En ninguno explicaban nada.
Cykah agarró una cerrilla que tenía en el bolsillo y encendió una vela que trajo Claire para iluminar la habitación aun más, ya que estaba siendo iluminada por la luz de la luna que entraba por la ventana. Y al hacerlo toda la habitación fue iluminada por una pequeña llama.
-¿De dónde habéis sacado la vela y las cerillas?- preguntó Rubén.
-Se lo hemos quitado a los cocineros…- respondió Cykah encogida de hombros.
Y Rubén siguió buscando entre los cajones una y otra vez, pero unos pasos se escuchaban a lo que un silencio inundo la habitación y se escondió debajo del escritorio. La puerta fue abierta y no se pudo divisar quien era… solo voces y más voces.
-¿Qué hacéis en mi despacho?- dijo el recién llegado.
-¡Te estábamos esperando!- Dijo Nana, parecía bastante animada.
Claire agarró a Cykah.
-¡Iros a dormir!- Gritó el Director.
Cuando las chicas se fueron, el director pareció dejar algo sobre el escritorio y se fue él también. Rubén salió de su escondite, estaba todo vacio, como lo habían dejado, solo que la vela ya no estaba. Habían pillado a sus amigas y rezaba porque no le pillasen a él.  Antes de salir de la habitación, abrió el libro que el Director dejo sobre el escritorio… eran fotos… no conocía a nadie, pero en una destaco. Era un chico de cabello  rubio ¿Quién demonios era? Se acordaba de él, pero no sabía quién era ni de que le conocía… rápidamente Rubén salió de la habitación y lo primero que vio era una bolsa de patatas tirada en el suelo, seguramente se le cayó a Cykah.

***
El Director andaba por los pasillos de aquel lugar con aquel chico a su lado, parecía nervioso pero contento. El chico le miró y se mantuvo a decir aquellas palabras ¿Quién era él? ¿Quién demonios era?
-¿Han encontrado ya el cadáver?- preguntó el Director.
-¿Por qué piensas que el cocinero ha muerto?- dijo aquel chico.
Pero al final del pasillo apareció alguien, Gorka elevó una leve sonrisa al ver aquel alumno que antes de que comenzase aquel juego, como lo llamaba el Director, les traiciono.
-El cocinero esta muerto… y solo hay una razón, aquí todo el mundo está loco- dijo Gorka elevando una leve sonrisa.
-Gorka, eres consciente de que tú también formas parte del experimento ¿Verdad?
-¿Qué experimento? ¿Hay algo que no sé?- preguntó aquel chico que al parecer era uno de los quince alumnos.
***
Rubén volvió rápidamente a su habitación, seguramente Nana, Cykah y Claire ya habían desaparecido. Pero había alguien en la habitación, el rubio con el que se topo por la tarde, Satoru le miró de arriba abajo.
-¿Qué haces en mi habitación?- preguntó Rubén.
El rubio reacciono rápidamente.
-Esta noche voy a dormir aquí…- dijo aquel chico.

-Vale…- era algo que Rubén no se esperaba.

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