A Yami nunca le había gustado leer, nunca había
leído un libro, sin embargo su mejor amigo en aquella isla, le encantaba los
libros. Sí, Toni era un chico bastante extrovertido que le gustaba hablar sobre
de lo que le apasionaba… como a todo el mundo. Como una chica como Yami y un
chico como Toni habían llegado a ser amigos, ni ellos mismos lo entendían. El
tercer chico de aquel trío era Dani, un joven que les reía la gracia a todos.
En aquel lugar solo había unos cuantos sitios, unos
cuantos grupos… y nada más. El mejor lugar era el comedor, lleno de comida y
diversión. Yami se encariñó con aquellos dos chicos, eran especiales para ella…
-Pues al final María vuelve después de dos años, y
él no estaba… ¡Es un final muy triste! ¿Sabéis? ¿Sabéis?- dijo Toni, hablaba
del último libro que había leído.
Dani se comenzó a reír tras escuchar a su amigo.
-Sabes que no me interesa- contestó Yami algo
cansada de escuchar su voz ¿Por qué sería? Era algo que ella no conseguía
comprender.
Ella no sabía que aquella felicidad que tanto
ocultaba en su corazón… acabaría aquella noche. Todo terminaría.
En su habitación estaba con Blanca, su compañera.
Se tiro a la cama y de repente Cykah, su otra compañera de habitación entró de
repente, como era normal estaba comiendo patatas de una bolsa que tenía en la
mano, por un extraño motivo Yami tuvo ganas de meter la mano en la bolsa y
quitarle una de las patatas.
El día pasó tranquilamente hasta que decidió ir a
buscar a Dani para rematar el tiempo, si, sería lo mejor.
Llegó al segundo piso de la residencia, donde se
encontraba un montón de habitaciones y aulas, en una de las habitaciones estaba
llenas de cajas metálicas, pero a ella no le importaba que la entrada a ese
cuarto estuviese prohibida, entraba todas las tardes para estar a solas con
Dani.
-Ya has llegado- dijo él.
-¿Me estabas esperando?- preguntó Yami elevando una
tonta sonrisa.
-Realmente si… estaba un poco necesitado…
-No entiendo que quieres decir…- Yami se sintió
confundida.
-Simplemente me sentía solo. Toni no para de hablar
de sus libros y videojuegos ¿Entiendes? ¡No me gusta!
Yami se dio cuenta de algo.
-Tengo un don ¿Lo sabías?- Dani se mantuvo
callado-. Puedo detectar las mentiras de las personas y tú me estas mintiendo.
Dani miró por la ventana de aquel lugar y observó
que ya estaba atardeciendo, tuvo miedo por alguna extraña razón. Se encogió de
hombros y miró a Yami. Rápidamente cuando ella iba a decir algo, la beso
rápidamente e introduciendo su larga lengua en la boca de ella, haciendo que se
enredasen, fue algo forzado. La mano de él fue dirigida a su pecho pero Yami se
separó de él y lo último que recibió fue un guantazo.
-Busquemos a Toni, y no vuelvas a intentar
distraerme, niñato.
Dani dio un suspiro.
Y los dos amigos fueron a buscar a Toni, se
dirigían al comedor donde se supondría estaría. Mientras caminaban por aquel
pasillo, Noboru, uno de los estudiantes paso por su lado, parecía tener prisa.
Yami le agarró del brazo antes de que pasara de
largo.
-¡Eh tú, a donde vas!
-¿Yo? Déjame- Dijo Noboru soltándose.- ¿Sabéis?
Sentoki, si, mi compañero de habitación ha desaparecido ¿Lo sabéis? Todos
desaparecen, él, Natalia, todos. Así que dejarme.
Yami se quedo en blanco, no sabía la desaparición
de su amigo… pero no le dio importancia y fue a buscar a Toni, al comedor, al
único lugar donde podría estar.
Cuando llegaron al comedor observaron que estaba
completamente vacío excepto por el ayudante del cocinero que estaba recogiendo
de las mesas todos los platos sucios que veía. Pero no había ningún rastro de
Toni ¿Dónde podría estar?
Yami recordaba y no había llegado a ver al cocinero
en unos días ¿Dónde se abría metido? Realmente pensó que no se dejaba ver por
alguna extraña razón que no le interesaba, nada le interesaba a ella.
Después de buscar habitación por habitación se le
ocurrió buscar en la biblioteca, un lugar extraño para Toni. A él no le gustaba
estar en aquellos lugares llenos de silencio, por algún extraño motivo que
desconocía, pero si le encantaba leer… ¿Por qué no le gustaba estar en una
simple y normal biblioteca? ¿Por qué? Sería un misterio y tendría la sensación
de que aquella noche descubriría algo.
Toco habitación por habitación, pero nadie sabía
nada. A lo lejos observó al chico que se llamaba Noboru y a otra de las chicas,
su nombre era Elena.
-Sé que has sido tú quien ha hecho desaparecer a
Sentoki ¡Dime donde está!- Dijo la chica furiosa.
-¿Qué? Yo también le estoy buscando. Porque te
rechace una vez no me tienes que odiar-. Al parecer Noboru fue lo más sincero
posible.
-Nunca me rechazaste y nunca me gustaste, solo me
gustó Sentoki.
Dani se encogió de hombros mientras escuchaba
aquella absurda conversación y parecía preguntarse qué es lo que habría pasado
entre ellos dos. Pasaron por su lado y
rápidamente Yami se dio cuenta del cambio que había dado aquel chico llamado
Noboru durante todo el tiempo que habían estado en la isla, él siempre había
sido un chico callado a la vista de todos… pero se veía en ese momento… tan…
rebelde… hacía justicia a su apariencia de matón de pueblo.
Pasaron por el lado de la pareja discutiendo e iban
directamente hacía la biblioteca, ya sabéis, aquel lugar aburrido llenos de
libros que Noboru solía pasar mucho tiempo en él, era extraño.
-Dani, apenas sabemos nada de ti-. Decía Yami
mientras caminaba por aquel largo pasillo, cada vez estaba más cerca de la
biblioteca.
-¿Y qué quieres saber?- preguntó Dani.
-No sé… ¿Tenias hermanos?
-Tenía tres.
-¿Y donde están ahora?
-Muertos.
Aquello dejo a Yami sin palabras.
Al abrir la puerta de la biblioteca, como era
lógico, entraron. Una vez allí se encontraron el cuerpo de la bibliotecaria
tirada en el suelo, no estaba muerta, pero seguramente había recibido un buen
golpe en la cabeza.
Todos los libros estaban tirados en el suelo, era
incluso difícil caminar por la habitación y entre todo aquel montón de libros
estaba Toni, elevando una leve sonrisa. El chico tenía algo en la mano, Yami no
sabía lo que era.
Toni dio un salto al suelo dejando aquel montón de
libros atrás.
-Te hemos estado buscando…- dijo la chica-. ¿Qué ha
pasado aquí?
Toni no contestó, Yami no tardó en darse cuenta de
lo que Toni tenia era una caja de cerillas. Y de repente el comenzó a reír sin
motivo alguno, una risa tan horrible y macabra que la asustó, y no parecía la
única sorprendida, Dani también se llevó una gran sorpresa.
Y tan rápido como pudo encendió una cerilla y la
tiro al montón de libros, tan rápido como podía pasar un rayo de luz por la
mente de un humano normal, así fue como la sala se comenzó a llenar de fuego
rodeando a Yami y Dani.
Gritos y más gritos de Yami inundaba la sala, el
calor se acercaba a ella. Dani parecía asustado ya que Toni no parecía parar de
reír ¿Qué demonios le pasó? Un temblor salió de su cuerpo y ella, tan rápido
como pudo, comenzó a llorar deseando no ser abrasada por aquel horrible fuego.
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