Nana siempre se había definido una chica
interesante, popular y una gran persona, aunque no fuese de todo una gran
verdad ¿Qué oscuro secreto habría detrás de aquella bonita sonrisa? Miro a
Marta que estaba sentada en la silla del escritorio y elevo una leve sonrisa.
-¿Has visto a Natalia? A noche no vino a dormir a
la habitación…- preguntó Nana.
-Natalia seguramente este con su novio, ese chico
que siempre está en la biblioteca… como se llamaba… ¿Noboru?
-Si… pasa mucho tiempo con él.
Realmente a Nana no le interesaban sus compañeras
de habitación, pero si algo le gustaba era la emoción y aventura. Por aquel
extraño motivo, salió de su habitación en busca de Natalia, quizás le podría
ofrecer aquella búsqueda algo interesante.
El aspecto de Nana no era llamativo para nada, ya
que en aquella isla todas las personas que había destacaban por algo. Al primer
lugar que fue era la biblioteca, pero estaba vacía. Visitó todas las clases, la última de ellas
era el aula de ciencia.
Había un chico mirando por la ventana de aquella
habitación, él se dio la vuelta y la observó. Nana estaba segura de que le
había visto en la ceremonia de hace una semana, aunque tampoco era que le
gustase ni nada aquel chico… simplemente le parecía… extraño. Su pelo era corto
y vestía como una persona normal ¿Qué tenia de extraño?
-Soy Rubén- dijo él dándose la vuelta y observando
a Nana- el otro día nos tocó juntos en el taller de teatro ¿Recuerdas?
Nana recordó y era cierto, el papel no era muy
importante, pero aquel chico fue su pareja ¿Por qué lo había olvidado? ¡Ese recuerdo daba igual! Tenía que intentar entablar
una conversación con él.
-¡Sí, te recuerdo!- dijo ella un poco nerviosa.
-¿Y qué haces aquí?- preguntó Rubén.
-Buscaba a mi compañera…- Nana se encogió de
hombros, no la buscaba por amor hacía ella ni nada de eso, la buscaba por si se
metía en algún problema por arte de magia.
-Si ha desaparecido puede que esté lejos de la
residencia… por el bosque ¿No se te había ocurrido?
-¡Por el bosque! ¡No nos dejan ir allí!- Se mantuvo
en silencio durante unos segundos- ¿Me acompañas?
-No creo que sea buena idea…- Rubén se encogió de
hombros.
Nana con una leve sonrisa le agarró de la mano y
salió corriendo con su compañero agarrado de la mano.
Tardaron un santiamén en salir de la residencia y
ocultarse por el bosque.
-No entiendo porque te he seguido el ritmo… no lo
entiendo… no debería estar aquí- se encogió de hombros.
-Eres un cagado- confesó Nana riéndose.
-¿Yo? Solo cumplo las normas, si nos pasase algo…
¡mucha gente me echaría de menos!
-¿Quién te echaría de menos?
-¡Mucha gente!
Y estuvieron discutiendo por el camino hasta que se
dieron la vuelta ya que estaba anocheciendo, y al Director no le gustaría saber
que dos de sus alumnos habían desaparecido. Su paso era lento, pero llegarían a
la hora fija, o quizás no… por desgracia ya había oscurecido y no sabían por
donde estaban caminando.
Nana gritó al ver dos extrañas siluetas colgadas en
un árbol, como si fueran dos chicos ahorcados.
-¿Qué te pasa, Nana?- Preguntó Rubén acercándose a
aquel árbol para ver exactamente lo que era aquellas siluetas, pero su grito
fue más fuerte. Pudo ver que las tripas de aquellos dos cadáveres estaban
rajadas y un montón de bichos salían de su interior.
El joven fue el primero en salir corriendo, Nana
fue detrás de él. Aunque pronto fue abandonada por aquel chico que era más rápido.
Ella pensó que era un cobarde y sería divertido darse la vuelta ¿pero y si
pondría su vida en peligro? Sin duda, la joven había visto demasiadas películas,
pero posiblemente hizo su mejor movimiento y volvió a la academia.
Llegó tarde y las puertas estaban cerradas, pero
tuvo suerte y se coló por una ventana. Se dirigió hacía su habitación, pero
sintió hambre así que fue a la cocina. Estaba prohibido ir al comedor y a la
cocina por la noche, pero su primera norma era no cumplir las otras normas.
Al entrar en aquel lugar lleno de comida escuchó
unos dientes masticar. Nana sintió curiosidad y miró al lugar de donde provenía
aquel ruido de unos dientes masticando, debajo de una mesa. Era Cykah, la tercera
chica que consiguió la plaza en aquel lugar. Estaba con una bolsa de patatas
comiendo y comiendo, vestía con un pijama de color rosa. Cuando ella miró a
Nana dio un suspiro.
-Me has pillado…- se encogió de hombros.
-¿Qué haces comiendo a estas horas?- Ellas dos no
eran las mejores amigas, es más, ni se conocían.
-Tengo hambre… siempre tengo hambre…- dijo Cykah
saliendo de debajo de la mesa.- Si me pillan comiendo, podría meterme en un
gran lio… ¿sabes?
-Tu secreto conmigo está a salvo… solo si me haces
un favor.
Cykah sintió remordimiento y a la vez muchísimo miedo
a su alrededor.
-¿Qué favor?
-Me tienes que ayudar a encontrar a Natalia… ¿Vale?
Ha desaparecido y… ¡me gustaría encontrarla!
-El Director anuncio esta tarde, cuando tú no
estabas, que ella había abandonado la isla por problemas familiares, realmente
no me interesa- Cykah se encogió de hombros.
Nana la creyó, pero aquello sería imposible… ¡Le
dio la mínima importancia y metió la mano en la bolsa de patatas y cogió una,
se la llevó a la boca! Se desilusiono porque pensaba que le había ocurrido algo
interesante a aquella chica, pero no fue así.
Volvió a su habitación, aquel día establo amistad
con Cykah y Rubén, dos personas que le parecieron de lo más extrañas. Al volver
a su habitación, Marta estaba durmiendo por lo que ella se tiro a la cama e
intento dormirse también. Observó a un lado de la habitación desde la cama y
las maletas de Natalia aun seguían allí…
-¿Era tan importante irse de la isla sin al menos
recoger las maletas? Es extraño… creo que estoy alucinando.
Y se durmió recordando los cadáveres que se había
encontrado en el bosque ¿Qué hacían allí? ¿Quiénes eran? El miedo le recorrió
las venas.
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