domingo, 12 de enero de 2014

17 - El primer día de su vida

Satoru se dio cuenta de toda la verdad al ver a Toni, la persona que más admiraba en el mundo, asesinar a aquellas dos chicas. Lo aceptó… él nunca fue su salvación nunca debió haberse juntado con él. Todo pasó hace muchísimos años cuando el rubio pidió ayuda a Toni, él aceptó… pero todo se fue de las manos de aquel joven desgraciado. Como en el cuento de La Sirenita, él sucumbió en los encantos de la malvada bruja… aunque en este caso era de un horrible asesino.
-¡No puedo aguantar esto más!- Gritó Satoru.
Toni se dio la vuelta y observó a su compañero, Charo también lo hizo. Ella tembló, sentía el miedo por sus venas y todos lo sabían, Dani que también estaba en aquel jardín, sentía el miedo por sus venas.
-¿El qué no puedes aguantar? ¿Él ser mi juguete? ¿O que todos mueran sin ningún motivo?- preguntó Toni con aquella sonrisa y mirada sádicas, él nunca tuvo más miedo en su vida… pero tenía que enfrentarlo.
-¡Todo!
-Entonces… vete. No te necesito más, Satoru- Toni comenzó a reír.
Y Satoru comenzó a correr, pensaba salir del gran jardín de la mansión y volver al oscuro bosque. Sus pasos eran rápidos, tan rápidos que apenas se daba cuenta de lo que pensaba, solo sabía que odiaba a Toni, no quería saber ninguna otra cosa.
Comenzó a dar vuelta como un tonto por el mismo sitio una y otra vez, no se cansaba, solo esperaba encontrar algún sitio interesante.
-Veo que te has dado cuenta…- dijo un chico saliendo de un árbol, era Gorka.
-¿Qué haces aquí?- preguntó Satoru mirándole sorprendido.
-Solo os he estado siguiendo, sois divertidos…
-No entiendo nada…
-Eres el chico que no entiende nada en este juego, siempre hay alguien así. Pero quién nada sabe, nada entiende. Eso dice mucho de ti.
El horrible pecado estaba a punto de ser cometido por Satoru, un joven que nunca había mentido, robado o matado. Al menos eso creía él, pero estaba a punto de descubrir la verdad que le ocultaban todos.
-Realmente no sabes nada…- insinuó Gorka.
-¡Dime la verdad!- Le dijo Satoru.
-Todos sois unos experimentos… la mayoría de vuestros recuerdos han sido modificados-. Satoru no acabó de entender aquellas palabras de Gorka-. La mayoría de vuestros recuerdos son una falsa ¿Entiendes? ¿Recuerdas cuando comenzaste a juntarte con Toni?
Y Satoru comenzó a recordar, era una tarde, cuando le informaron que iba a estudiar en una gran isla en verano. Y en aquel momento, en la calle conoció a Toni y su irónica sonrisa.
-Estamos todos entrelazados por recuerdos falsos… ahora lo entiendo… yo realmente nunca me encontré con Toni, antes de que llegáramos a la isla, experimentaron con todos nosotros ¿Cómo lo hicieron?
-No lo sé… incluso yo también recuerdo cosas que no pasaron, aun así… yo vivo el presente y tú vives el pasado, hay demasiada diferencia.
-No quiero vivir así…- confesó Satoru.
-¿Por qué no?- preguntó Gorka elevando una simple y leve sonrisa.
Satoru pasó por su lado ignorándole, en cambio Gorka se dirigía a la mansión, no sabía para que marchaba allí, no le interesaba. Estuvo andando horas y horas, no encontró a nadie, se comenzaba a sentir solo.
Pensaba en todas las cosas que había vivido, y gracias a Gorka no sabía si todo era cierto o una falsa, no lo sabía, tenía que averiguarlo.
-¿Qué haces aquí?
Satoru miró hacía todos los lados para ver quién era el que le saludó, hasta que lo vio apoyado sobre un gran árbol, era Rubén… y era sorprendente, le faltaba un brazo y todo el pecho cubriendo el hombro donde estaría el brazo que le faltaba, estaba vendado. No sabía lo que había pasado.
-Estoy solo…- dijo Satoru.
-Todos estamos solos, a mi me abandonaron…- susurró Rubén, el chico rubio no supo en lo que estaba pensando.
-¿Dónde está tu brazo?
-Más adentro del bosque, hay un monstruo… conseguí escapar y Gorka me ayudó, no es tan mal chico ¿Sabes?
-¿Un monstruo?- Satoru se interesó por él.
-Si… es horrible.
-Te dejo solo…
-¿Vas a buscar al monstruo?
-Sí…
-No sé lo que pretendes.
Aun así, Satoru dejo solo a Rubén y fue recordando uno a uno los dieciséis alumnos que tenían una beca. Se infiltro en el bosque buscando al monstruo, incluso lo comenzaba a llamar. Mientras pensaba en aquella chica que no llegó a conocer, Natalia… ¿Qué le habría pasado? Y miles de personas más. En aquella isla todos estaban locos, todos habían asesinado a alguien y sus recuerdos fueron modificados, era gracioso.
Él tenía una hermana, de cinco años, ella le quería tanto… que incluso daría su vida por él, pero Satoru no sabía si ella era real o no, un simple recuerdo inventado, y eso le rompía el corazón. Quería alguien a quien cuidar, alguien a quien querer… siempre tuvo a esa persona, pero no existía. Quiso gritar.
Al infiltrarse en lo más profundo del bosque comenzó a gritar para que el monstruo no apareciese, pero no aparecía.
-¿Qué planeas hacer?- le dijo una voz de una niña, la de su hermana pequeña.
-Quiero acabar con todo, estoy dudando si existes o no…- le contestó Satoru, aunque nadie le escucharía.
-No existo ¿Recuerdas?
-Recuerdo que existes, pero no lo entiendo.
-Yo existí en un tiempo… pero ahora me quieres olvidar, por eso ya no existo.
-Sigo sin entenderlo…- confesó Satoru.
-El que nada entiende, nada sabe.
Y en frente de Satoru apareció aquella horrible bestia entre las sombras. Al rubio se le saltó una pequeña lágrima y apretó el puño, estaba a punto de acabar con todo. Era imposible escapar a aquellas alturas, la bestia y él estaban cara a cara. Y Satoru recordó el momento en el que le prometió a su hermana que volvería.
-Dijiste que volverías- dijo aquella voz infantil.
-¿De verdad lo dije?
-Si… hermanito…
-¿Qué?
-Te quiero.
Y Satoru miró al monstruo a los ojos, la horrible bestia alcanzado sus grandes manos en la cabeza de Satoru y se la arranco solo con tirar un poco, el cuerpo cayó al suelo y la bestia se tiro la cabeza a su horrible hocico.

-Te quiero- se volvió a escuchar aquella voz, aunque esta vez no la escuchaba nadie. Satoru había muerto, no llegaría a saber si su hermana era real o no. Satoru se suicido de la forma más fácil que había, dejo que alguien le matase. 

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