Una patata
era lo único que necesitaba ¿Por qué? Nadie lo estaba al corriente, nadie sabía
el porqué a ella le gustaban tanto las patatas, pero… era… especiales para
ella. Y sí, Cykah llevaba comiendo patatas desde su infancia… ¿Qué tenía
aquella extraña comida que tanto le gustaba? Pero tenía un problema, aquella
era la última bolsa de patatas que tenia.
Miró a Noboru que estaba atado en el árbol, y luego
a su bolsa de patatas.
-Suéltame…- dijo el chico.
-No…- dijo Cykah encogida de hombros.
-¿Por qué? Estoy arrepentido, joder…- Noboru
parecía bastante nervioso.
-No se sabe, no se sabe.
-¿El qué no se sabe?- Cykah se moría por abrir la
bolsa de patatas.
-El si de verdad estas arrepentido, o es todo una
gran mentira tuya… intentaste matarme…
-No lo intente… estoy desesperado por salir de esta
isla, joder… ¡Quiero salir!
-Pues intentémoslo juntos…- Cykah se encogió de
hombros, tenía mucho miedo por saber qué pasaría si le liberaba.
Ella se levantó y se metió entre unos arbustos para
ver si Nana o Rubén estaban cerca, siempre hacían guardia para buscar comida
para animarse o cualquier otra cosa interesante que podrían encontrar. La chica
de las patatas, así es como los demás la llamaban, pero su amor por las patatas
tenía un motivo…
Apenas tenía siete años cuando se perdió en aquella
gran ciudad, estaba perdida y no podía llorar. Debía encontrar a su hermano,
quizás él se había olvidado de ella… o la estaría buscando. El problema no era
un cualquiera, el problema era que estaba sola, estaría sola durante toda su
vida…
Lloro sentada en un banco de color blanco, así lo recordaba
ella. Y lloro hasta que se le gastó todas las míseras lagrimas.
-¿Estás bien?- le dijo un chico, cuando Cykah lo
vio era un joven con el pelo largo y pinta de matón de pueblo, era gracioso, su
sonrisa era preciosa. El chico parecía bastante más mayor… pero ahí acababa el
recuerdo.
Cykah se enamoró de aquel chico, que por desgracia
se parecía tanto a Noboru… pero era diferente, su personalidad, no lo entendía.
Observó a alguien llorando sentada en una roca, era
la bibliotecaria, Cykah la había visto muchas veces en la biblioteca. Su nombre
era Charo, tenía unos veinte años y era sorprendente el gran escote que llevaba
en ese momento, al parecer su ropa había sido destrozada dejando su camisa
hecha pedazo mostrando una pequeña parte de sus pechos.
-¿Por qué lloras?- preguntó Cykah.
-Quiero salir de la isla… quiero matarle, él quemó
mis libros…- dijo aquella bibliotecaria llorando.
-¿Quién?- preguntó Cykah.
-Toni… es un asesino…- confesó Charo.
Se levantó de la roca y se fue por donde parecía
haber vuelto.
-¿A dónde vas?- preguntó Charo.
-A matarle, él tiene la llave… aun así, solo quiero
que se arrepienta de lo que hizo.
La joven se encogió de hombros, todos se habían
vueltos completamente locos.
Y Cykah volvió al lugar donde estuvo anteriormente,
Noboru le miró con una mirada inofensiva, era… tan… lindo… pero no podía
aceptarlo, eso no era amor… ella estaba enamorada de alguien a quien no vería
nunca más, no de Noboru.
Observó su parte baja y había un bulto en su
entrepierna. Cykah se sonrojo.
-Eres un pervertido…- dijo ella apretando el puño
algo enfadada.
-Llevo día sin… ya sabes… soltarme, por favor…-
dijo Noboru, esta vez estaba algo sonrojado y no quería haberlo dicho.
-No… no desataré las cuerdas aun así…
-Pues cálmame tú…
-Estas demasiado cachondo… ¡No lo haré, salido!- A
Cykah le dieron ganas de golpear a su prisionero. Pero en vez de golpearlo se cayó
a cuatro patas y le miró, estaban a la misma altura. Él atado en aquel árbol y
ella mirándole con curiosidad.
Y de repente… ella besó a Noboru, fue un beso corto…
apenas duro unos segundos, pero no pudo hacerlo más tiempo.
-Me gustas… desde que me golpeaste…- dijo Cykah mirándole
algo sonrojada.
-Pues libérame… por favor…
Y se escuchó un gran grito desgarrador, parecía ser
de una horrible bestia… pero… aun muchísimo peor. Cykah sintió curiosidad y sin
despedirse, miró a Noboru y se fue atraída por el sonido.
El camino era corto, de repente se encontró con
Nana, Rubén y Violeta.
-¿Qué pasa?- preguntó Cykah con curiosidad.
-Se ha escuchado un grito… ir tú y Rubén- Dijo
Nana, ella pensaba volver al lugar de encuentro con Violeta, el lugar de
encuentro era donde se encontraba Noboru atado.
Cykah obedeció y junto a Rubén caminaron entre los
arbustos. Su paso se fue aun más rápido hasta que observaron una gran sombra,
parecía una bestia de grandes colmillos y orejas de lobo, con una cola como la
de un perro y cuerpo deformado.
-¿Qué es eso?- preguntó Cykah asustada.
-¡Corre!- dijo Rubén, era una gran bestia… era
horrible…
-Pe…pero…
-¡Avisa a los demás! Yo… la distraeré…
Y rápidamente Cykah echó a correr, miró atrás un
solo segundo y observó como la bestia era rápida y agarró a Rubén, de un tiron
le arranco el brazo y el dio un grito de dolor. Ella grito del miedo que tuvo y
salió corriendo, recordando él como toda aquella sangre había saltado del brazo
de su compañero… él iba a morir, ella lloraba por el camino.
Era extraño, por el recorrido no se encontró a Nana
ni Violeta ¿Dónde estarían? No le importaba, solo quería huir. Se acerco a
Noboru mientras él le preguntaba el porqué estaba tan asustada, pero ella no
contestó, ella rajo las cuerdas.
-Vámonos corriendo…- dijo Cykah agarrando a Noboru
del brazo y comiendo a salir corriendo.
Mientras corría agarrada a su compañero, lloraba y
escuchaba los gritos de aquella desgarradora bestia…
Y por fin recordó lo que nunca quiso recordar… el
día que vio morir aquel joven, solo tenía siete años… y ese chico fue asesinado
y torturado delante de ella, de la forma más cruel que una persona podría
recordar, aun así… ella solo recordaba el brazo de Rubén… en que él ya estaría
muerto.
***
Dani observó como Yami dormía en otra rama de un
árbol, y mientras escuchaba aquellos horribles gritos. Observó el cielo y ya
estaba oscureciendo.
-Así que el verdadero juego ha comenzado… ¿O nos tienes
algo escondido?- dijo el chico. Miró hacía abajo y allí estaba el Director,
elevando una leve sonrisa.
-Mi perro-. El Director se dio la vuelta y
desapareció de su vista.
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